Categoría: Política y Sociedad

  • La RAE de IDA no tiene URL

    La RAE de IDA no tiene URL ni nada que se le parezca. Su Real Academia Española, de reciente creación es un misterio. Nos ha caído del cielo como si estuviera alojada en la nube, ese espacio de almacenamiento donde también guarda la libertad el PP.

    Ayuso hace eso posible. Una oficina del español, que podía haberse llamado «La oficina de Toni», como cualquier chiringo de playa, pero que tiene delirios didácticos en la forma, pretensiones político-marrulleras en el fondo, y el objetivo claro de acoplar al colegui transversal. La idea de esta oficina es algo tan abstracto como imaginarse a Toni Cantó manos a la obra. Ya no solo porque esté al mando alguien sin formación, habiendo como hay instituciones de renombre internacional que fomentan y protegen el uso del español en el mundo, sino porque nadie, por muy ultra que fuese, se hubiera atrevido nunca a defender y difundir el castellano en Madrid, capital de su cuna.

    Y no, no por haberse comentado y escrito tanto sobre el tema, está más cerca de ser asimilado.

    Hasta a los propios protagonistas pareció perturbarles el anuncio. Al camaleónico Toni se le vio algo incómodo, a pesar de su larga experiencia en contradicciones, y trabajos e ideologías diversas. No por ningún tipo de escrúpulo moral sino por no encontrar -ni ser capaz de inventarse- justificación posible para la creación de su boutique. Sí, a lo mejor el día de la Hispanidad va a salir a tirar cuatro petardos enfrente del portal. Pero cuando dijo « el chiringuito soy yo », pobrecito mío, qué nervios tenía que estar pasando.

    Igualmente, Ayuso lo anunció con la mirada baja, pestañeo acelerado y dicción atropellada, como si se estuviera dando cuenta de la parida mundial que acababa de exponer, pero ¡adelante ! Tragarán con esto y con más. Además, mejor ser tachada de amiga de sus amigos que de reventona de lo público. El árbol que impida ver el bosque será el más estrafalario. Ese bosque tan antiguo pero que parece llevar siempre ventaja sobre el presente.

    En efecto, a pesar de lo turbio y de lo ridículo, ahí están los sondeos con el PP propulsado por los tejemanejes de la diva. Aznar, que lleva 30 años gobernando el partido sin que le choque a nadie, lo tiene muy presente. Después de todo lo que han armado y siguen armando, el disimulo ya no existe, lo mejor es ser tal cual con una cara como el cemento. Así Aznar puede tildar de centro-derecha a la banda que rige sus principios por el manual de Vox, y proclamar lideresa trendy a la presidenta que no respeta ningún orden que ponga lindes a su ambición o a su albedrío. Ya ni siquiera se salva al rey, señalado por haber firmado los indultos del procés, y de rebote convertido en monigote o en vendido al felón.

    ¿Quién nos iba a decir hace un par de años que nos pondríamos una vacuna en El Corte Inglés? Inimaginable, como si nos dicen que nos pondríamos vacunas de Loëwe. En la trastienda, Ayuso siempre hilando fino mientras Cantó es el blanco de todas las burlas. Por cierto, qué manera más generosa de dinamitar sus últimos cartuchos políticos.

    A cualquier cerebro normalmente constituido le cuesta asimilar un nivel tan pobre y una estrategia tan interesada. Porque sí, ciertamente, todo resulta demasiado estúpido para ser tan sencillo.

    Covadonga Suárez

  • Mi libertad

    A día de hoy podemos decir que «libertad» es la palabra más usada y vacía de contenido en lo que llevamos de 2021. Desde « Libertad sin ira » en el 76 hasta «Comunismo o libertad» hace un mes, hay un mundo en espiral, y el colmo ya está aquí. Curadísimos de espanto antes de empezar, nos comportamos como sombras de micromaltrato, tan hastiados que vamos en modo impermeable. Entre tanto libre albedrío seguro que tendremos derecho a formular una pequeña pregunta : ¿La libertad era esto?

    La clase política empieza hablando de democracia plena como dogma insuperable y acaba a insulto limpio en el debate en el Congreso. El 15 de abril tenía visos de teatrillo con el histriónico cabreo de Casado y su « ¿pero usted quién se cree que es? », digno sucesor del antiguo « usted no sabe con quién está hablando», recordando a Sánchez que estaba allí de prestado. Chulería, vergüenza, mentiras, fueron palabras clave, con acusaciones que podrían dejar boquiabierto a un profano, pero no a nosotros. Y el teatro se transformó en circo con la llegada de Abascal. El que rompió el cordón policial en Vallecas, culpaba de todo al gobierno, adoquín en mano. Con menos rodeos que su colega soft, tachó a algunos de terroristas y a algún otro de sinvergüenza. A la violencia verbal se unían todas las afirmaciones gratuitas que se pueden blandir para intentar hacer sangre en el contrincante. Y en período electoral no hay ley moral que sujete los instintos de farwest. Con el nivel alcanzado por nuestros representantes, quién va a criticar ahora lo que pase en un reality o en un debate acalorado de un programa del corazón donde el verdulerismo es en ocasiones el termómetro de la intensidad televisiva.

    Después, algunos no entienden que se pierdan las formas en los barrios. Los mamporrazos a pie de calle en cada manifestación del pueblo llano acaban protegiendo al pueblo alto y a las élites. Ahí se diluye de manera alarmante el gobierno progresista, entre la libertad de expresión y la violencia del desorden público. Su inacción da la razón por omisión tanto a los que acusan al ministro del interior de beneficiar a sus supuestos acólitos, como a los que le acusan de aporrear al pueblo.

    De hecho la confusión transforma también el mundo de la información. La libertad es un arma arrojadiza en manos perversas que deciden desde las alturas quién es el bueno y quién es el malo. La locura última es comunicativa. Sin embargo, la crítica al periodismo como herramienta partidista ha sido a su vez criticada por los criticados. Esto no es un trabalenguas, es el mundo al revés. Si la crítica es considerada como un atentado contra la libertad de prensa que me expliquen lo de la libertad de expresión. El último ejemplo es el rótulo que hizo saltar de sus puestos a dos profesionales en cuanto el César orientó su pulgar hacia abajo.

    Blanquear lo imblanqueable pasa factura a nivel social y a nivel de red social. La homofobia, el racismo, el machismo, ya son tan tolerados como sus víctimas. La semilla prende y se adereza con bots que hacen que el acoso y los insultos en las redes sean cada vez más frecuentes. Sobre todo hacia mujeres, y si además son de izquierdas, y feministas, tienen todas las de perder. No es casualidad que en apenas unos días hayamos visto desaparecer de twitter a Ada Colau y a Cristina Fallarás.

    Lo peor de todo sería que esto llegase a convertirse en un fenómeno de masas, y que todos nos acabásemos subiendo al carro del insulto sin argumentos, el insulto de patio de colegio que carece, por inmadurez, del recurso de la réplica, el insulto de energúmeno al volante protegido por su habitáculo, o el del espectador de fúbol fusionado con la masa anónima. Por poner un ejemplo reciente recordemos la primera entrega del programa « Lo de Evole » con Miguel Bosé. Aún no había salido del tema personal que en las redes ya se lanzaban mordiscos al aire. Se le criticaba por lo que fuera, incluso por su consumo de drogas (ya sabemos todos que drogarse no lo hace ningún artista, ¿verdad?). Poco antes había sonado en el programa «Mi libertad», su primera canción en televisión en 1977 : Libertad, mi sola amiga,/ cuando era un inocente/ y creía que la gente/ era toda amiga mía.

    ¿Por qué los usuarios no esperaron a la segunda entrega de la entrevista, donde se abordaba su posición frente a la Covid? Nos hubiéramos ahorrado leer tantos improperios desorientados una semana antes como afirmaciones infundadas oímos a Miguel Bosé una semana después.

    Y vamos con el negacionismo. Aunque hoy todo se le achaca a la libertad de expresión, ¿qué libertad ejerce realmente una personalidad emblemática, de clara influencia social, que sienta cátedra en temas políticos, científicos y de seguridad, sin poseer una formación específica y sin aportar argumentos concluyentes?. Quizás sería más exacto decir «libertad de presión», la libertad de los privilegiados por su popularidad. Sin embargo, la repercusión de las declaraciones depende de la presentación del comunicador que, en el caso de Evole –chapeau -, ha ofrecido al invitado la perspectiva de su propia imagen en el espejo, en un intercambio de tú a tú. Otra cosa muy distinta fue Tamara Falcó en El Hormiguero.

    Al final, nuestra protección nunca está asegurada. La información como la libertad, hoy en día, es todo y nada a partes iguales. En España vivimos nuestra historia en espiral, como un eterno retorno tornasolado de modernidad. La pescadilla que se muerde la cola acaba como el perro de San Roque, y el riesgo es que, de usados y aturdidos, con tanta libertad ajena, nos quedemos sin derecho propio. De hecho, ya está sucediendo.

    Covadonga Suárez

  • Storytelling madrileño

    Hoy voy a hablar de un storytelling castizo, un storytelling servido hasta en la sopa, pero una sopa de cocido madrileño. Esta historia arranca de la estigmatización del 8M como manifestación vírica, y termina ahora con su prohibición como si se tratara de la catarsis lógica de nuestra propia tragedia. Se clausura así el ciclo que cumple un año de confinamiento, marcado por los tiempos del relato que todo el mundo quiere narrar. El relato que se mueve y al que se le añaden capítulos, pero que marca el tempo de los movimientos sociales y las evoluciones. Es un relato con letra de imprenta, mediatizado y oficializado. Pero, es ahora, al cumplirse un año, cuando las historias del segundo plano empiezan a subir a la superficie, como los restos de un naufragio que se hacen visibles cuando se calman las tempestades y vuelven a sentirse las corrientes y las mareas.

    Ahora, que se habla menos de Covid, que la gente ha perdido el miedo a lo desconocido frente a lo conocido, es cuando reaparecen las experiencias más reales. Lo más impactante es lo que necesita contarse un año después porque sigue siendo primordial. Y sin embargo, en este año de Covid oficial las víctimas sólo han sido aquellas que salían en los telediarios o en los periódicos, cuando la histeria colectiva y el objetivo político narraba la historia con el fin de buscar culpables. El relato mortuorio de las cifras encontraba su expresión fotográfica en portadas más o menos exhibicionistas en momentos muy delicados. Las víctimas eran aquellas del Palacio de Hielo, no las que morían en las residencias porque no se les permitía ser derivadas a los hospitales. También las víctimas que morían solas entre enfermeros y médicos desbordados eran menos conocidas. La desesperación individual de la sanidad pública fue vivida de manera mucho más paulatina aunque profunda, porque no había tiempo para nada y porque el miedo ciego es una anomalía colectiva que se nutre de ese otro relato prefabricado.

    Solo existe lo que se publicita aunque las víctimas de la sombra sean las más numerosas. Un ejemplo inverso sería el de ETA, y esa sensación de actualidad como si las víctimas acabasen de fallecer, y todo porque Pablo Casado las menciona siempre en sus discursos. Conclusión : los fallecidos existen cuando hay un relato repetido y mediatizado.

    Como decía, el cierre del círculo se enmarca en una espiral antifeminista entre dos 8M madrileños, la demonización del evento exige su expiación con la supresión de la protesta, más o menos como cuando Eva fue expulsada del jardín del Edén, salvo que el pecado original de la mujer emancipada no lo lava ni el agua del Jordán. Y, como broche de oro, han cantado bingo en la Comunidad de Madrid. La diva ha dado la patada a todo lo habido y por haber como una reina aburrida, pero ya amortiza el arrebato diciendo haber sacado a Pablo Iglesias del Congreso. Cualquiera podría imaginarse que lo ha vapuleado ante la multitud, ella a lomos de un caballo blanco y vestida de Juana de Arco. Pero no, el storytelling de Ayuso es siempre así, y sin embargo lo vende hasta en el Rastro.

    Por eso el desalmado Iglesias que no se aferró a su sillón de vicepresidente solo por fastidiar, que deja su cetro en manos de sus compañeros de partido y de la militancia, y que ha tendido la mano -ya enrojecida de mordiscos- a Errejón, no las tendrá todas consigo ni aunque se haga el harakiri en directo. Quizás porque su historia es como la de las víctimas anónimas de la Covid : no existe si no cuenta con una difusión consecuente, pero engrandecerá su figura a largo plazo, por haber aportado cohesión y coherencia a un sentimiento colectivo.

    Mientras tanto, y por loco que parezca, las frases pegadizas del estilo : « Comunismo o libertad », se llevan el gato al agua. Quién me compra este misterio, como dice la copla. Pues habrá quien lo compre, y a precio de oro.

    Y es que como en Madrid, en ningún sitio.

    Continuará

    Covadonga Suárez

  • A Cifuentes le echaron un máster en la Coca-Cola

    ¿Quién nos iba a decir hace unos años que Cristina Cifuentes, ahora musa televisiva, sería lavada de sus pecados y renacería más rubia que nunca, resplandeciente como una Venus de Boticelli ? Parte de su filosofía ya había sido expuesta en 2017, y su rubiedad ambiciosamente pasiva en un mundo de hombres, codificada en su recorrido hacia la cima. Así que Cristina Cifuentes es, desde hace unos días, inocente de haber presumido de máster falso y de haberlo exhibido y ondeado a los cuatro vientos, porque ella no sabía lo que hacía. Unas desaprensivas mujeres se entretuvieron confeccionándole un diploma a sus espaldas y, en un momento en que estaba despistada, se lo echaron en la Coca-Cola, con el correspondiente subidón que esas cosas producen : te creces, te envalentonas, hablas por los codos…

    Así que el poder judicial, cual coro griego atento a la acción, ha dictado sus pautas de conducta al periodismo de investigación e incluso al sentido común, con una sentencia exculpatoria que empieza a lavar por parroquias al PP del pasado. Por eso no resulta tan extraño ver a los actuales dirigentes, testigos de la defenestración de Cifuentes en 2018 por unas cremas, aplaudir a dos manos su judicial inocencia en el « caso máster ».

    Por cierto, el paso siguiente para el desmemoriado líder es mudarse de Génova, y aquí no ha pasado nada. En España todo lo maltrecho (democracia, monarquía, justicia, PP,…) se pega con unas gotas de cola de carpintero, y a correr. Sin embargo, en sus aleteos desesperados, este Jason Bourne de sonrisa granítica ya debería haber aprendido algo de la historia del Valle de los Caídos. El pasado no desaparece con mudanzas sino con medidas y afrontando la realidad de cara.

    Aunque el PSOE quiso sacar de allí al abuelo y quitarle hierro al símbolo, sólo fue un golpe publicitario que duró unos días. Borrar la estela de la momia dio paso a la realidad. Sin ir más lejos esta semana se salda con 11 escaños que Vox recoge en Cataluña y una División Azul homenajeada por todo lo alto. Nunca Franco estuvo tan vivo porque nunca en vida tuvo tantos fans libres. La democracia específicamente española permite habilitar la barbarie, y hacerle hueco. Autorizar manifestaciones, eventos, asociaciones, partidos políticos, expresiones que son ilegales en otros países de Europa, conduce, con un nuevo look influencer, a la actualización del mito. De ahí que proliferen los retoños neonazis que en otro tiempo hubiesen puesto los pelos de punta a cualquiera. Hoy, al contrario, a algunos medios les da vueltas la cabeza ante la joven que hizo un remake pasado de revoluciones del « Tomorrow belongs to me » en el homenaje a la División Azul.

    A esta democracia le da mucha pereza tocar el pasado : desde levantar cunetas hasta cuestionar a las instituciones. Y pobre del rapero que se exprese al respecto. Esta semana hemos aprendido que hurgar en la herida institucional y constitucional sale bastante caro. Y si no también están ahí para recordarlo las fuerzas de seguridad que siguen a tope de energía. Todo se les da, lo mismo te apalean a una niña en Linares que te dejan tuerta a una mujer en Barcelona.

    A todo esto, yo no sé dónde se ha metido una buena parte del llamado gobierno progresista en estos días de democracia orientativa. Muchos hemos estado con el corazón en un puño porque, francamente, poco nos pasa con la cutrez patria que arrastramos y que florece día a día. Y aún no es primavera. Cuídense.

    Covadonga Suárez

  • #YoDigoLoQueMeDaLaGana

    Si los usuarios de las redes no necesitasen credibilidad #YoDigoLoQueMeDaLaGana sería tendencia.

    Los adictos a Twitter saben lo que cuesta poner en lo más alto el sintagma mágico que acompaña al tweet. El hashtag se basa en una idea, una opinión o una información -fundada o no- y sirve para clasificar los comentarios por temas, martilleando al pasar las conciencias con un gancho sonoro. Pretende poner un sello de autenticidad a un comentario, para ofrecerle un sentido más duradero y de mayor impacto en un ecosistema voluble. Pero #YoDigoLoQueMeDaLaGana, que es quizás de lo más sincero que podríamos leer en la red del pajarito, es una verdad intangible que nunca podrá existir como hashtag. Y eso que en Twitter se dice de todo, pero para hacer triunfar esta idea no debe pronunciarse, sino llevarse a cabo.

    Está claro que en Twitter todo el mundo dice lo que quiere, es una red nerviosa y efímera, tanto que no permite la corrección del texto y limita el número de caracteres en los enunciados. Esto obliga a pensar deprisa y no demasiado, forja un modus operandi, un carácter y una filosofía, donde la ética flaquea al contacto con la jungla que cambia de piel al filo de las horas.

    Es una red de consumo rápido y compulsivo, de usar y tirar información, de usar y tirar cuentas, de organizarse como el que prepara un escrache, y medirse en justas arrabaleras con el verbo a flor de piel. Espontánea, reactiva, y muchas veces canalla, aspira a ganar batallas a cualquier precio, pues su mejor baza es que cualquiera puede decir lo que le dé la gana : los más ingeniosos, los más idiotas, los más reivindicativos, los más sinvergüenzas, los más frenéticos y los más conectados.

    Todo esto permite a los medios y a los políticos de este país compartir todo tipo de afirmaciones rápidas y sintéticas sin explicaciones. Como un martillazo, que lleva la contundencia en su propia fuerza, supone la herramienta perfecta para quien dice lo que le da la gana y se queda tan ancho. Más allá, es un reflejo de la sociedad en todo su esplendor, pero no es su transformador : la responsabilidad comienza en la prensa.

    En esta época de muros de pago los titulares cobran una fuerza inusitada, las palabras que anuncian la información -planteadas en clave editorial en el mejor de los casos- se comparten rápidamente acompañadas de un comentario directivo, que en manos del usuario se puede reorientar desde ofendido hasta insultante. Y aquí el mal ya está hecho, la bilis a borbotones se extiende. En medio de la cadena de transmisión, el político da su toque, cuando no cocina la noticia con su propia salsa arrojándola a los perros sedientos de sangre. Nunca el odio fue algo tan banal y plural. Nunca tan políticamente correcto y en libre acceso. La ultrachulería, la ultraofensa, la ultrasalvación de la patria y la hipérbole interpretativa permiten al político inmoral caldear a las masas para asaltar cualquier capitolio o cualquier congreso de los diputados, en definitiva, para cuestionar sin ningún remordimiento la legitimidad de un gobierno elegido democráticamente.

    La red mediática afín protegerá a los ambiciosos con blanqueamientos y propagandas. Y la genética política hará el resto. En el liderazgo propiciado por la estructura piramidal de los partidos de derechas, los líderes no disienten entre sí, no se critican, se protegen (sirva de pequeño ejemplo que alguien se atreva a calificar de gestión impecable lo que está pasando en Madrid). El bienestar de todo el bloque se apoya en el éxito de los líderes, que protegerán al resto, repartirán roles, se ramificarán, cerrarán acuerdos. Y girará la rueda.

    La oposición al gobierno es actualmente cortoplacista y negligente, pero sus protectores y protegidos no le piden más. Ninguno de ellos duda en hacer pasar el libre arbitrio por libertad de expresión, cuando es sabido -y precisamente por ello- que lo primero tiene sus límites. « #YoDigoLoQueMeDaLaGana y no será este gobierno criminal el que me diga lo contrario »…, para resumir.

    Covadonga Suárez

  • El rey de oros en el exilio

    Cada vez exige un esfuerzo mayor pensar que Juan Carlos I pasará a la historia como el rey héroe que trajo la democracia a España, que lideró una transición ejemplar y que abortó un golpe de estado. Una vida se escribe hasta el último renglón, el discurrir de la historia da perspectiva a los hechos, y el mundo de la información en que vivimos está arrojando luz ininterrumpidamente sobre las acciones pasadas y presentes. Todo ello hace que los tres grandes logros que se le han atribuido al rey emérito sean cuando menos cuestionables por una realidad histórica cada vez más poblada de detalles que el mundo de la comunicación ni puede ni se esfuerza en contener. Lo contrario se resume en la exclamación « ¡Viva el rey! » que, lejos de ser un chiste, es el parapeto de los que desean monarquía a cualquier precio. La pregunta sería : ¿por qué a cualquier precio ? Y la respuesta no sería otra cosa que « ¡Viva el rey! », como aquel día en que Pablo Casado lo dijo una y otra vez hasta que se hizo de noche.

    Nadie es imprescindible y menos aún un rey que no gobierna, pero sobre todo no lo es por su condición de mortal. Estamos lejos de la divinidad atribuida a su persona, que lo convertía en un semidiós. El barro del que está hecho ha sido puesto en evidencia por una exposición mediática acorde con los tiempos. Sin embargo, eso no amedrenta la vanidad gratuita del hombre rey, que no tiene por qué ser ejemplar para reinar, ni mucho menos tiene que serlo su familia, de ahí que ninguno se haya empeñado en brillar por sus logros personales o profesionales, o por su aportación a la sociedad fuera de su estatus de sangre.

    Si algo viniera a poner en entredicho la honorabilidad del monarca, que se da por supuesta de cuna, su inviolabilidad haría el resto. Y para cimentar la mezcla en la que se inserta su privilegio, nada más eficaz que haber incluido a la monarquía en una constitución blindada por una redacción a presión. Es algo que los « vivareyistas » agitan sin parar para defender el modelo de estado, la Constitución, las instituciones, y todo lo que se quiera arrastrar con él, como si la figura de un rey fuera el pegamento de un país y no cupiera la posibilidad de que en los tiempos que corren jugara un papel exactamente opuesto.

    No se trata de afirmar nada, sólo de hacernos algunas preguntas, por ejemplo, ¿por qué el presidente Sánchez pretende separar a la persona de la institución cuando en España lo que ha cuajado ha sido el juancarlismo y no la monarquía? Resulta tan contradictorio como cuando la casa real pretende separar lo público de lo privado en una institución dedicada a vehicular su imagen para alimentar el símbolo. Y si no ¿por qué PP, PSOE y VOX frenan cualquier investigación sobre el emérito? ¿Por qué protegen a Felipe VI de las salpicaduras de su padre, como si dicha paternidad fuera un mero accidente, hasta tal punto que la Moncloa trabaja en el discurso de Navidad?

    Saben que la imagen es el símbolo. Y que la imagen la decide el pueblo. Por eso no hace mucho Sánchez se retrataba vanagloriando la transparencia de un rey moderno, casi evolutivo. Y eso que el cristalino Felipe VI sólo sale a la palestra en contadísimas ocasiones, pasa de largo ante los escándalos de su padre, no defiende la unidad del reino ni la democracia frente a exmandos militares con ansias asesinas y golpistas, y no da una imagen de protector de sus súbditos con sus discursos preparados sino de protegido, por el sistema, por el gobierno, por los partidos, por la Constitución y por la prensa de papel.

    Lo único seguro es que la sangre no sólo sirve para heredar el trono, y que por eso el rey emérito no volverá a casa por Navidad a pesar de que ese era su deseo real.

    No sé si somos conscientes del momento histórico que estamos viviendo pero, siguiendo la estela de los últimos Borbones, el destino del emérito es por el momento el exilio. Un exilio obligado aunque no forzado, y ello porque no es bien recibido. Ni es oportuno, ni conveniente, ni ejemplar.

    A veces esto casi parece una democracia europea.

    Covadonga Suárez

  • Joker in & out

    En tiempos de semiconfinamiento, desapacibles, monocordes, la incertidumbre generadora de impaciencia, la escasa fe en gobernantes comerciales de su branding, crea un desasosiego general representado teatralmente por toda clase de epidemiólogos de barra, y negacionistas de vestuario. (más…)

  • Ley de Memoria de Forma

    Se cumple un año desde que sacaran en volandas a la momia más idolatrada de los tiempos modernos, la que se salvó de la condena de los fascismos europeos. Aquella que, como el valle no se tocaba, y menos al abuelo custodiado por la Iglesia, salió por la puerta grande y a hombros de sus descendientes una vez más.

    Desplazar el problema, desterrarlo sólo simbólicamente hizo que la Ley de Memoria Histórica a medio gas sonase a alibi en las casas de los grandes. Así, el Ayuntamiento de Madrid borró los versos de Miguel Hernández del cementerio de la Almudena, los nombres de los represaliados del memorial a las víctimas del franquismo, junto con la frase de Julia Conesa (de las Trece Rosas), entre otros textos conmemorativos. Hoy la ultraderecha amenaza con « avisos » al más puro estilo años 30 si no se deroga la Ley de Memoria Histórica, o pide, ya puestos, que se retiren calles a políticos socialistas, para reescribir la historia, como si en el fondo todo se resumiera a una revancha ideológica o a un pique digno de un derbi.

    Sí, para algunos se trata en realidad de una ley de memoria selectiva que acaricia y da brillo al formato refundido (rey-constitución-democracia) protector de los cimientos del viejo reino. Pero en la práctica estaríamos ante una Ley de Memoria de Forma, como un colchón de espuma viscoelástica, que permite ausentarse y volver más tarde para alojarse en el mismo hueco disimulado bajo la libertad de movimientos, y que reaparece como por arte de magia de manera natural. Y sin que rechinen las costuras.

    Así llegamos a una moción de censura envalentonada, ataviada con las galas de los salvadores históricos para tumbar al gobierno o, en su defecto, para calentar al personal bajo un estatus de heroica víctima repudiada. Acto en el que, aún no se sabe muy bien por qué, Casado retiró la silla a Abascal y este se derrumbó estrepitosamente. Bajo esta emoción sin censura, desacomplejada, desculpabilizada por la legalidad, el arrebato arcaico del patriota místico se quedó en mueca desinflada. La iniciativa, consentida por la propia democracia que tolera el franquismo, podría haberse vuelto contra el sistema, del mismo modo que ha permitido el bloqueo del poder judicial a manos de los que, inexplicablemente, miran ahora con altivez a Vox en el Congreso de los Diputados. Mientras, los hay que creen en la redención y en las casualidades.

    Por otro lado, lo cierto es que el vasallaje histórico y estructural del PSOE permite las medias tintas en la reconstrucción de una democracia digna de pertenecer al siglo XXI. No salimos de aquella transición que ya nos encontramos en otra que nos lleva hacia el mito del eterno retorno, una transición invertida que deja al aire las grietas de la estructura, donde los reyes se fugan, el franquismo se airea sin complejos, y la democracia es el medio que justifica el fin. La Ley de Memoria de Forma maneja el sistema y hace que a la larga cualquier perversión tome visos legítimos.

    Una España anonadada en su propia particularidad nada en círculos ajena a Europa. Mientras el mundo gira y Chile reniega de una constitución tramitada por un dictador, aquí nos arrodillamos ante una carta magna que incluye en el contrato a los viejos poderes, a un rey hoy prófugo y a su honorable descendencia a perpetuidad. Y que nadie pregunte por qué.

    Y así, entre sumisión y propaganda sólo queda esperar el próximo asalto.

    Covadonga Suárez

    [bctt tweet=»Nos encontramos en una transición invertida que deja al aire las grietas de la estructura, donde los reyes se fugan, el franquismo se airea sin complejos, y la democracia es el medio que justifica el fin.» username=»covadong_suarez»]

  • La mascarilla del rey

    La mascarilla se ha normalizado incluso en aquellos países que se resistían hasta hoy. Sin embargo, la rebelión de costumbres nunca estuvo tan a la orden del día : proliferan reuniones salivares, botellones o, sencillamente paseos olvidadizos de la prenda imprescindible. Suben el volumen los detractores, y en un momento en que los contagios se extienden como la marea, un escepticismo ante los medios individuales para contener al bicho prima en forma de carpe diem veraniego. Se está perdiendo la fe y la paciencia, porque la eficacia final del preservativo del 2020 muchas veces depende del prójimo. Por ello, está punto de anunciarse oficialmente que en estos tiempos inciertos la mascarilla que ofrece el más alto nivel de protección es la del rey. Efectivamente, las primeras pruebas se han llevado a cabo con éxito en la persona del Emérito.

    Poco después de declararse los primeros casos de coronavirus en Europa saltaba el escándalo de Juan Carlos I. El virus llegaba a España y empezaba a propagarse. Casi a un tiempo, el 4 de marzo, el periódico suizo « Tribune de Genève » anunciaba a bombo y platillo en su portada que « Juan Carlos escondía 100 millones en Ginebra ». Los periódicos de papel españoles se cerraron en banda para contener la propagación del escándalo, demostrando una vez más que la monarquía como institución es en sí misma un búnker si se aplica el escudo adecuado. España temblaba, los españoles caían como moscas, y Felipe VI se escondía en palacio esperando el mejor momento para decir o no algo.

    El 10 de marzo supimos que PP, PSOE y Vox vetaban en España la comisión de investigación de las finanzas del rey. Nada nuevo, no sería la primera vez que se tumbaba cualquier intento de aproximación que pusiera en tela de juicio la divinidad del monarca, llegando hasta donde hiciera falta, desde los monárquicos franquistas a los republicanos de opereta, todos a una para hacer barrera allí donde la inviolabilidad se descompone.

    El 14 de marzo supimos por « The Telegraph » que Felipe VI era el segundo beneficiario de la fundación que recibió los 100 millones de Arabia Saudí, y que era el encargado de velar económicamente por el resto de la familia real en caso de heredar la fundación. En aquel momento, el inviolable sucesor hizo malabarismos imposibles para renunciar a una herencia paterna aún inexistente por motivos obvios, y para desvincularse gestualmente de sus inherentes compromisos y vínculos de sangre.

    La inviolabilidad es el tercer nivel de protección de esta mascarilla de superhéroe, para que cualquier problema que pueda sobrevenir sea sólo una cuestión de imagen. Dicha mascarilla de diseño constitucional que todos quisiéramos tener crea un malestar social que fomenta la anarquía ante las dificultades, los comportamientos asociales y el no pasar por el aro . ¿Cómo seguir los buenos consejos de un gobierno que tramita a hurtadillas la evasión de un rey ? Según súbditos de pluma e imprenta, hay logros incuestionables que todo lo perdonan. Según el PSOE se juzga (se verá) a las personas y no a las instituciones, pasando por alto que la monarquía y la familia real son lo mismo, por sangre y por herencia, y que su cometido es la representación física de una nación como expresión de dignidad y de ejemplaridad.

    Según la Casa Real, no nos incumbe el paradero del amante bandido, fugado por el bien de España. Claro que, a lo mejor, como símbolo que se identifica plenamente con una idea de nación, « por el bien de España », significaría « por el bien del rey ».

    A todas luces, la ejemplaridad sigue siendo un concepto que se nos escapa. Pero en realidad, con la conciencia tranquila ¿quién necesita la mascarilla del rey? Personalmente prefiero la estándar pero, sobre todo, una que no me tape los ojos.

    Covadonga Suárez

    [bctt tweet=»Desde los monárquicos franquistas a los republicanos de opereta, todos a una para hacer barrera allí donde la inviolabilidad se descompone.» username=»covadong_suarez»]

  • Trepatriotas

    Los trepas traen insignia para evitar etiquetados y anticiparse a la opinión pública. Con el uniforme puesto, pueden declararse simplemente patriotas, y darse un garbeo ideológico por la banda. El trepatriota es ágil y versátil, especialista en gramática parda, y en marketing basado en estadísticas. La primera noción básica es que en política la memoria es corta, y dura como mucho una legislatura, lo dicen las encuestas a cada vuelta de mes, que, como montañas rusas destartaladas giran sin timón pudiendo irse para cualquier lado. La segunda noción es el control de la actualidad y la proyección de mercado, y en el análisis del mercado politico actual aparece un gran vacío en el centro.

    Dado que partimos de la base de que la memoria es corta quizás algunos hayan olvidado que durante el último ramillete de elecciones el PSOE parecía destinado a entenderse con Cs. De aquella Sánchez, aquejado de insomnio le hacia ascos a la izquierda y le ponía ojitos a Rivera, tanto que sus votantes le advirtieron « con Rivera, no ». La época era apenas posterior a la del «bloque constitucionalista», que pretendía encarar el problema catalán con un frente monárquico que aislaba a un Podemos republicano envuelto en rifirrafes internos. Poco antes, Sánchez expresaba en televisión su apetencia por endurecer la ley de la mano dura en Cataluña, justamente para no perder aquel carro de hierro. Pero con la negativa final de Rivera y el estallido de Vox, en la derecha había overbooking y pocas oportunidades para hacer amigos. Así que se fue a la izquierda. Y pagó la factura Ciudadanos, mientras Casado se arrimaba a Abascal.

    No es extraño, decía, que en un momento dado pudiesen haber ido de la mano Cs y PSOE, los partidos más camaleónicos del espectro que suelen yacer desparramados en un centro más bien neurálgico. Arrimadas lo sabe y espera la suya. Después de haber ido a Waterloo a por Puigdemont y al Orgullo Gay de pro-gay contra los gays. Después de haberse repartido con Rivera Cataluña y País Vasco para provocar in situ el salto de la liebre, llega a Madrid con un bagaje autoinflamable bien consolidado, y sin embargo lo que hace es reaparecer en una sorprendente calma chicha, provocando esta vez puñaladas naranjas internas.

    El cambio de estrategia resulta muy vistoso, más aún al lado de sus endemoniados colegas de PP y Vox, donde cualquiera que asienta de vez en cuando puede parecer al Dalai Lama. Sin embargo su retórica de ataque no difiere demasiado de la del PP, que a su vez difiere bien poco de la de Vox. El hecho de que en las comunidades autónomas Ciudadanos haya pactado con la derecha y en Madrid se haga el dulce con el gobierno de izquierdas nos orienta bastante sobre cuál es la auténtica prioridad sin aditivos. Sobre todo si se diera un PSOE facilón, deseando agarrarse a una mano tendida en una batalla de presiones en medio de una crísis, un PSOE que -no lo olvidemos-construyó un gobierno ‘plan B’ con Podemos y ERC.

    Ver a Edmundo Bal atacando a Iglesias en la última sesión de control arroja luz sobre el significado de la palabra ‘obstáculo’ para los naranjas, y ya hemos visto a quien han llevado de la mano, unos pasos detrás, a la fiesta del Real Decreto sobre la nueva normalidad : un PP que hasta ayer trabajaba contra Sánchez en Europa y afilaba los cuchillos con el mismo afilador que Vox, parapetados en la negación perpetua.

    Es decir, el plan para Ciudadanos parece ser aquel gobierno que pudo haber sido y no fue tras las elecciones. De rebote, Sánchez se ahorraría mucho nadar contracorriente y mucho bombardeo, empezando por el de Felipe González, que, entre otros logros, inventó para los suyos el juego de las sillas musicales. González, recordémoslo, sonrió como un cordero durante décadas hasta que apareció Podemos despertando al tigre. ¿Alguien le ha visto últimamente colegueando con alguien del PSOE? Quizás por eso toda la derecha quiera olvidarse de los GAL, haciendo piña entorno al, más que nunca, ex-socialista. Algo como lo de su coetáneo emérito, otro inviolable parlamentario, ambos tan inamovibles como la constitución que apadrinaron, porque el trepatriota es también histórico a la par que elástico. De las finanzas ya hablaremos otro día.

    Covadonga Suárez

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