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Autor: admin
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Desclasificar Sanxenxo
Pues bien, después de tantas décadas sin saber qué decían los documentos del 23F, por fin se han desclasificado aquellos que resistieron al tiempo. A falta de los que podían poner letra a los puntos suspensivos de aquella noche interminable, nos encontramos con lo que ya se sabía: Juan Carlos I dio para atrás al golpe de estado con una orden televisada.
De todo lo dicho y reiterado, lo que no queda muy claro es por qué el general Armada, íntimo del rey al que le cayeron 30 años de cárcel, contaba incorporarse a la Zarzuela la noche del golpe , ya que, o tenía la cara muy dura, o tenía muy claro el respaldo del rey. Cualquiera de estas dos opciones explicaría por qué los militares pensaban que el rey apoyaba el golpe, pues, de lo contrario-y parafraseando al general Juste- eso cambiaba totalmente la situación. O lo que es lo mismo, para qué meterse en un berenjenal tan mayúsculo sin garantías.
A pesar de todas las sombras, o quizás por ello, es una delicia ver a los grandes periódicos lanzar los sombreros al aire porque el emérito, rey de Abu Dabi y Sanxenxo, ha aprobado con nota la desclasificación de un hecho donde todos a su alrededor cayeron como moscas. No seré yo quien les agüe la fiesta a las grandes firmas, después de que el viento soplara sobre aquellos papeles durante 45 años hasta dejar al descubierto esta desclasificación que parece hecha a medida por los sastres de la transición. No fue tan amable la desclasificación de Corinna y Bárbara Rey, una explosión nada controlada para un emérito con banda sonora de Julio Iglesias. Tampoco la justicia ha sido muy discreta al hacer públicos sus cálculos, aunque sus milloncejos a buen recaudo y su estatus real le permitiesen expatriarse cómodamente.
Nunca sabremos qué pensamiento atravesó la cabeza de Feijóo cuando decidió adelantar por la derecha al rey Felipe VI y proponer la vuelta de su propio padre. Quizás pensó que la desclasificación suponía la absolución de todos los pecados del emérito, como si este no se hubiera fugado para evitar otro gran marrón y salvar los muebles de la monarquía que dejaba atrás. Quizás se enterneció Feijóo ante la mala suerte de Juan Carlos, siempre rodeado de hombres que acababan en la cárcel (Armada, Urdangarin,…) o de mujeres que no sabían cerrar la boca.
Tampoco sabemos qué sensaciones recorrieron el cuerpo de Feijóo, cuando la Casa Real le respondió en forma de comunicado con una hermosa metáfora fiscal que resumía perfectamente el Juan Carlos way of life. Parecía una versión del «llévatelo tú a tu casa», eslogan tan manido por la derecha contra árabes desplumados.
Todo este revuelo tan impostado por recuperar la figura de Juan Carlos I a raíz de la desclasificación de los documentos del 23F, resulta aun más sonrojante si tenemos en cuenta que en realidad esto no va a suponer ningún cambio en los planes del emérito ni de la Casa Real. Es un hecho que el rey fugado entra y sale de sus adineradas dunas cuando le apetece, y que viene a darse una vuelta por Sanxenxo si se tercia.
Algo que ha quedado claro con esta desclasificación es que no está en los planes que el emérito deje su acogedor oasis financiero por un Madrid escéptico, donde el dinero no compra la reputación ni la tranquilidad, ni garantiza la supervivencia de la monarquía.
Más sencillo aun, que los tiempos han cambiado, y los españoles también.
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BB, Julio y el estrabismo
Sucedió con Brigitte Bardot a las puertas de 2026, y una semana después con Julio Iglesias. Con la muerte de la cantante y actriz francesa el pasado 28 de diciembre, la opinión pública se revolvió en un acto de memoria colectiva que dividió al país vecino. Las redes sociales se llenaron de imágenes de Brigitte Bardot en su época dorada, cuando se convirtió en icono del cine y de la moda, se codeó con los directores de la Nouvelle Vague, e incluso realizó incursiones en la música de la mano de grandes como Serge Gainsbourg.
Seamos claros, ni Brigitte Bardot era la mejor actriz francesa, ni poseía una voz excepcional : BB era carismática, sexy y libre, en una época en la que pocas podían permitírselo. Su imagen traspasó las fronteras, arrasando todo a su paso. Y su retiro a los 39 años aceleró el mito y selló su inmortalidad.
Ahí empezó su lucha por la defensa de los animales, a la que dedicó el resto de su vida, y con la que obtuvo logros destacados. Una pena que la cosa no se quedara ahí. A la par que se acercaba a los animales, también se acercaba a la extrema derecha. En 1992 se casó con Bernard d’Ormale, consejero de Jean Marie Le Pen en el Front National. En 1999 y, sobre todo, en 2003, se publicaron los libros donde quedó plasmado su racismo, su xenofobia, su homofobia, y su anti-feminismo. Hay que decir que ya apuntaba maneras desde hacía tiempo, pero la virulencia de sus escritos y sus intervenciones en los medios le valieron 6 condenas por incitación al odio.
Su muerte, en Saint-Tropez, lugar que ella reinventó y promovió vinculándolo a su imagen, y su entierro, en aquel mismo lugar, cerraban el círculo perfectible de su leyenda. La polémica surgió cuando diferentes personalidades del mundo de la política pidieron un homenaje de estado. «Era una gran dama », « una diosa », «dedicó su vida a la defensa de los animales», escribían sus adeptos en las redes. Frente a ellos estaban quienes recordaban que no se puede homenajear a quien no encarna los valores de la República.
Estallaban las mandíbulas de sus canes más fieles y feroces, pero también las del francés medio, que no soportaba ver expuestas las vergüenzas de un monstruo sagrado que había prestado su rostro a la Marianne, y había irradiado la luz de Francia sobre mundo. Para ellos, la « santa de los animales » merecía un reconocimiento, y la ofensa provocada por sus detractores no era por carecer de argumentos sino por remover la basura y no saber separar a la persona de la artista. El estrabismo popular solo ve una diosa poliédrica y, en sus declaraciones llenas de bilis, un signo de autenticidad o de honestidad sin filtros.
Sin embargo, BB tampoco fue única en su dedicación a la causa animal, ni siquiera en la falla de la que suele surgir en estos casos. Otros, antes y después que ella, ante la incapacidad para comprender o aceptar la complejidad humana se refugiaron en la naturaleza idealizando a los animales1. Por fortuna, en el resto de los casos ese amor se explica desde una mecánica global de empatía hacia todos los seres vivos, especialmente hacia los más desprotegidos.
Pero volvamos a la glorificación monolítica del mito. Lo mismo pasa con nuestro Julio nacional, donde la presunción de inocencia ha alcanzado proporciones inimaginables en una parte de la sociedad. Hablamos de aquel Julio coleccionista de mujeres, que lo mismo se fotografiaba en una piscina rodeado de chicas en bikini como de indígenas semidesnudas en una isla. El latin lover mundial, señor de todo lo que se mueve, «de tanto correr por la vida sin freno» (como decía la canción) acabó montando la cacería en sus dominios, dado que su edad ya no le permitía desplazarse al monte donde todo es orégano.
En el caso español, la realidad es más compleja puesto que estamos hablando de actos. Aquí solo cabe la venda en los ojos a modo de santo sudario supremacista, el mismo que en el caso de Plácido Domingo empujaba a justificar y a aplaudir. Para una parte de la sociedad esta polémica es el reflejo del Via Crucis masculino, que hace presuponer que el agresor es la auténtica víctima (y viceversa) mientras no se demuestre lo contrario.
La resistencia a la desintegración del mito Julio Iglesias no es una simple cuestión ideológica o de creencia mediática, sino de resistencia al avance de la igualdad. Tres años de investigación periodística no son suficientes para resquebrajar las posiciones de nuestros más rancios ultras, entre los que se encuentra una parte de la desacomplejada clase política afanada en negarlo todo. Estos ideólogos han adelantado por la derecha y sin argumentos al voceras del bar con tal de no sacrificar a ningún embajador de España, rico, poderoso y varón de nacimiento. El escepticismo generado en el español medio es, sin embargo, otro cantar, quizás por una caricaturización progresiva de un personaje cuya pose y ademanes corresponden ya a otra época.
No obstante, y a pesar de toda la información disponible, siempre habrá, en el caso español, alguien dispuesto a demostrar que es más fácil invadir Venezuela que deconstruir un mito. Y en el francés, no faltará quien haga oídos sordos con un «Vive la France!».
Covadonga Suárez
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Y bailaré sobre tu tumba
« Bailaré sobre tu tumba » fue en los 80 una insólita canción de Siniestro Total, en la que el cantante explicaba a su futura víctima los delirantes métodos con los que contaba cargársela. Aquel arrebato punk, estrambótico y festivo desembocaba en el coreado estribillo « y bailaré sobre tu tumba » hipérbole revanchista que parecía sacada de una película de cine negro. Hoy, entonar el título de aquella canción gamberra que desgranaba letanías improbables, puede dejar una sonrisa helada si se hace con un periódico en las manos. Porque en 2025 bailar sobre las tumbas ya no es una ficción o un decir, es el happy end del nuevo orden mundial.Recién llegada a Alemania la derecha más extrema de los últimos tiempos con la ultraderecha más radical pisándole los talones, un ciudadano con un mínimo de memoria histórica se encontraría con un dilema mental : no saber si los desastres del siglo XX sucedieron realmente, o si es el presente el que no está realmente sucediendo. Pero esa duda parece ya invadir muchos cerebros votantes antes de dirigirse a las urnas, envalentonados y febriles, como muchos de sus líderes, cuando la desinformación ya lleva un buen trecho enhebrada en nuestras sociedades.
Cierto es lo de Alemania como lo es el nuevo estado de Israel, o mejor dicho, su gobierno, que ya se ha encargado de darle la vuelta a la tortilla del siglo XX en un espectacular vuelco histórico de la situación. Desde la II Guerra Mundial no se había visto una devastación de esta amplitud: según la ONU el 90% de los edificios de Gaza han quedado dañados o destrozados, eso sin contar los 48000 palestinos muertos, cuya exterminación Netanyahu está deseando retomar. El intercambio de rehenes para el presidente israelí es algo así como cambiar cromos en el recreo, el final del alto el fuego pende de un hilo que tiene en una mano mientras, con la otra, sigue ordenando los ataques a Cisjordania.
El plan debe completarse -también lo dijo Aznar- para que sea posible ese baile de graduación al que ha prometido llevarle Trump. Como puede verse en el despreciable vídeo publicado en la cuenta de instagram del presidente americano, sus imágenes vaticinan que ese día beberá ambos presidentes beberán cócteles en la playa, entre el mar y el despliegue inmobiliario, y que lloverán billetes sobre la coronada cabeza del todopoderoso Elon Musk y la New Riviera. En definitiva, que Trump bailará la danza del vientre sobre las tumbas de miles de niños gazatíes, y ya nadie se sonrojará por nada.
Es cierto que con ese panorama y la Europa que nos está quedando, a punto de que abran el baile en Ucrania Putin y Trump, España puede parecer «un faro progresista en tiempos oscuros», como reza el título de una reciente editorial del periódico británico « The guardian », pero aquí también tenemos lo nuestro, y bien desacomplejado.
Por un lado está la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que sigue calificando de « torticera » y « políticamente interesada » toda pregunta que se le haga sobre los 7291 muertos de las residencias, víctimas principalmente de los protocolos que les impidieron ser trasladados a los hospitales durante la pandemia. Y por otro lado, tenemos a Mazón, presidente de la Comunidad Valenciana, que sigue cambiando la versión de lo que hizo y cuándo lo hizo, el fatídico día en que murieron 224 personas ahogadas por la DANA, con la intención de escurrir el bulto con rumbo indefinido según por dónde le vengan las acusaciones.
En España no hubo baile, por supuesto, en primer lugar porque el horror nunca formó parte de un plan sino de una incompetencia inmoral, y en segundo lugar porque las víctimas no eran extranjeras y los votantes tampoco lo son. Aquí lo que hubo fue el aplaudímetro medidor de los intereses creados, que ya fue bastante vergonzoso.
Porque no olvidemos que en el nuevo orden gana el más fuerte y el que tiene los amigos más poderosos. Esa libertad para agarrarlo todo a dos manos viene con un verbo tan explícito como lo son los discursos del argentino Milei, el que quiere despertar leones y se lleva por ello la medalla internacional de la Comunidad de Madrid de las manos de su presidenta.
Y a quien los crea, le dirán que ya puede darse con un canto en los dientes.
Covadonga Suárez
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Las fisuras francesas
Francia es un país fascinante. Es un hecho que a pesar de la inquina rival entre vecinos, siempre ha sido el ejemplo cercano hacia el que vuelve los ojos España, para seguir la estela de las libertades individuales y sociales. Siempre por delante en revoluciones, ha sido siglo tras siglo referente e inspiración cultural en literatura, pintura, cine, etc. Sin embargo, algunos de los cambios estructurales impulsados por los galos a lo largo de su historia han supuesto simplemente un nuevo molde para que un espíritu profundamente conservador, culturalmente identitario, haya hecho de Francia también una abanderada de la extrema derecha en Europa. Y es que esas fisuras, como las que poseen los grandes seductores, no se aprecian a primera vista.
En este momento, es noticia que por fin Francia tiene primer ministro. Pero sobre todo es noticia que el presidente Macron haya elegido a un candidato afin a su ideología. Lo que permite que el primer ministro no provenga del partido que ganó las elecciones legislativas es un defecto sistémico que otorga al presidente de la nación el poder de un soberano de los de antes, de esos cuyas cabezas rodaron en la revolución francesa. Porque, sí, gracias a De Gaulle el presidente francés tendría más poder en su hexágono que el presidente americano en sus Estados Unidos. Hasta el punto de poder elegir a dedo al premier ministro que le permita continuar haciendo su política de derechas. Su poder -otro más- para disolver la asamblea ha sido un falso acto de contricción en su huida hacia adelante.
La extrema derecha francesa recién aupada en Europa, marca desde la sombra la hoja de ruta a una democracia trompe-l’oeil, disminuida en las dos vueltas electorales que reducen las opciones representativas de lo que decide el pueblo. La tradición antifascista francesa -vapuleada a posteriori- ha servido para unir a las fuerzas políticas con el objetivo de frenar al RN de Marine Le Pen como el paso atrás de algunos candidatos progresistas ha servido para movilizar el voto de izquierdas – ambas iniciativas inimaginables en España, de hecho-. Escaldados, y temerosos, los electores franceses acataron las consignas de sus partidos para poner las libertades a buen recaudo enderezando el rumbo político en las urnas. Y habló la Francia progresista.
Pero eso fue todo. Macron ha sorteado la tradicional cohabitación presidente/primer ministro de diferente signo politico para llevar adelante su política sin sobresaltos, pero ha abierto una crisis institucional que le llevará a negociar con la extrema derecha en caso de que el NFP active la moción de censura contra el candidato elegido.
Este absolutismo republicano, profundamente antidemocrático, es la consecuencia de una forma de nostalgia subconsciente que la modernidad conceptual gala acepta sin demasiado cuestionamiento : la doctrina republicana y la historia francesa estarían en la base de esa fisuras estructurales en el país de las libertades.
Aunque a otro nivel, la contradicción sistémica a la que dan paso las grandes revoluciones también encuentra su paradigma en la religión y el rechazo social a la expresión pública de la fe católica. Sin embargo, el punto de partida fue la laicidad, que aspiraba a la tolerancia. La aceptación del culturalmente diferente, de la inmigración, del musulmán, exigía una puesta a punto del engranaje conservador tradicional francés, virar hacia los derechos humanos, borrar las aristas para una convivencia más igualitaria. La laicidad, que pretendía la libertad, la igualdad, y la fraternidad, muchas veces malentendida, ha sido a menudo sinónimo de ateísmo, y otras veces motivo de rechazo visceral hacia la religión francesa tradicional. De ahí que el cristianismo sea cada vez más residual en Francia y no así la religión musulmana.
Sea como fuere, esta laicidad poliédrica tiene hoy la categoría de religión del estado, con todo lo que tiene de dogma republicano. A nivel político, social, y educativo, las palabras laicidad y república son pronunciadas en numerosas alocuciones. Y los niños aprenden ya en la escuela el himno francés y los valores republicanos.
Así que en la práctica, ¿quién ha dicho que la monarquía y lo sagrado han desertado para siempre del país de las Luces? Hoy un estado muestra las fisuras que, ensachadas por el poder de las élites, son la expresión de un un conservadurismo dogmático latente que se acomoda a los cambios mientras estrecha con más fuerza las riendas de la nación.
Lo bueno es que Francia nunca duerme.
Covadonga Suárez
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Sánchez, punto y coma
Cuando Pedro Sánchez aseguró que aquello era un punto y aparte, y hasta se oyó cantar gol en el interior del palacio de la Moncloa, muchos ciudadanos pensaron que la espera no había sido en vano. Los socialistas se abrazaban en las sedes, y poco les faltó para brindar abiertamente por la nueva era. El progrerío ronroneaba : « por fin, ahora se van a enterar ».
Pero Sánchez, que había estado cinco días meditando, parecía querer compartir únicamente su experiencia reflexiva con la población, y que, todos a una, nos uniéramos a ese budismo político que tan bien le había funcionado a él.
Durante esos días de vacío cósmico, se habían barajado todas las hipótesis : desde una fisura en la roca Sánchez, hasta alguna filtración Pegasiana que estaría a la espera de explotar. Porque aunque el presidente se había expresado, por primera vez en diez años de vida pública, en términos sentimentales, lo cierto es que nos tenía acostumbrados a su coraza infranqueable y a su sonrisa eterna. Nosotros, el pueblo llano y más bien progre, habíamos respetado su silencio porque nadie está a salvo de una sacudida en su fuero mental. Y además, nadie como la izquierda sabe lo que es sufrir en silencio y a gritos los embistes de la derecha, sea el rojo un artista, un político, un periodista o un albañil. Solo el presidente parecía que acababa de enterarse, y haber necesitado cinco días para digerirlo.
Su carta a la ciudadanía nos había sacudido. Algunos decían que se trataba de otro salto mortal de un presidente acostumbrado a morir y a levantarse con gracia. Otros, que esto era un puñetazo en la mesa para volver con más fuerza. Si se iba lo recordaríamos como el presidente trapecista que siempre caía de pie hasta que un esguince mal curado lo retiró definitivamente de los campos de batalla. Si volvía, debía hacerlo para cambiar el curso de nuestra maltrecha democracia.
Sabíamos que este cambio de actitud no se hubiera comprendido sin un punto de inflexión dramático, que una crisis personal legitimaría más que nunca -agarrando por las tripas al hombre de hielo- una batalla definitiva. Por ello, la reflexión que pidió a la ciudadanía en su alocución televisada debía ser el caldo de cultivo necesario para que una sociedad embrutecida por el sálvase quien pueda, la ley del más fuerte y más corrupto, la impunidad de la desinformación, el secuestro de la justicia y el todo vale, se imaginase una democracia digna de ese nombre.
Bien, pues muchas ya la habíamos imaginado y estábamos a la espera. Tras aquel punto y aparte en la cúspide de un retorno medio anunciado, el resto fue un desinflarse y diluirse un tanto inexplicable. Más bien un punto y coma, comodín entre dos aguas, que parecía transformarse en emoji por momentos.
Se había ido y nos había dejado con un «se acabó» resonando en los oídos, porque el buylling político había hecho mella en él a través del acoso personal y judicial a su esposa. Sin embargo, el discurso había cambiado, y sobre la campaña de descrédito que le había llevado a aislarse cinco días, afirmó : «Llevamos diez años sufriéndola. Es grave pero no es lo más relevante. Podemos con ella». La empatía colectiva parecía dar paso al desconcierto, porque si solo había sido una pupa y un bajón, estaría dándole en cierta manera la razón a un torpe y desorientado Feijóo, que lo tachaba de adolescente, solo por insultar, como siempre, en uno de sus múltiples palos de ciego…
Salvo si nos hubiera desvelado algún punto de su nueva hoja de ruta. Y la entrevista anunciada para esa misma noche en la televisión pública parecía augurar la exposición de un plan más concreto. Pero no fue así.
Además de recordar que el PP sigue teniendo la culpa de la no renovación del poder judicial, que él no viene a monopolizar la regeneración democrática, y que toda la sociedad debe seguir reflexionando y debatiendo, Sánchez no ha adelantado ningún plan o pista que justifique realmente su estampida ni su vuelta. La única declaración novedosa ha sido la evidencia en forma de autocrítica de que el lawfare sufrido por otros no le ha importado hasta que le ha tocado a él. Ha sido el último en enterarse de que a la democracia se la estaba comiendo esa máquina del fango de la que tanto habló durante la entrevista. Pero los que tenemos que reflexionar somos los demás. Si los cloaqueros no van a parar, como aseguró, ¿para quién ha hablado en RTVE ? ¿para los que ya lo sabíamos o para los que no les interesa enterarse de nada ?
La frase que Pedro Sánchez pronunció en torno al minuto 19 de su entrevista y que ha dejado un definitivo olor a pólvora mojada en la caja de los fuegos artificiales, ha sido reveladora :
« Si hoy hubiera aparecido en la rueda de prensa con un plan de regeneración democrática pues, muy probablemente, la ciudadanía hubiera visto que había una cierta maniobra, una cierta estrategia, de algo que no es tal. Es una reflexión personal […] »
Pues, no hay más preguntas.
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La mentira después del 11M
« La mentira es algo que se esconde para no tener que existir », así comenzaba una maravillosa canción de Radio Futura : « En alas de la mentira ». Aunque la historia que cuenta la canción nada tiene que ver con el tema de este artículo, su definición de la mentira aporta una luz intensa en un día como el 11M. Más aun cuando el album, de 1985, se titula « De un país en llamas ».
La mentira se ha escondido hasta en el último recoveco de la verdad, y sigue escondiéndose como si estuviésemos todos locos o paranoicos. Porque esa es la gota china de los tiempos modernos para todo aquel que esté buscando un poco de claridad.
La cosa funciona así : el poder de los intocables consiste en salmodiar el relato sin mover un músculo facial, exhalar como una reverberación fonética una lógica viciada. Es cuando mentir sale gratis y no pasa nada, entonces todo se puede repetir una y mil veces porque nunca pasará nada. Llegados a este punto la teoría del complot para cubrirse las espaldas se monta sola. Solo queda añadir un «marco constitucional» a cada frase para deslegitimar todo gobierno elegido democráticamente y desacreditar toda oposición ideológica.
El 11M nos pilló desprevenidos no solo por el coste humano que eso supuso sino por la pérdida de toda inocencia. Crecemos pensando que para utilizar el dolor ajeno y mostrarse inpermeable a la ética hay que ser de otra especie. Y sin embargo en el 2004 la complicidad en torno a la mentira se extendió como un manto protector -pues de eso se trataba- , más allá del compangueo bélico de las alturas, entrando en despachos, instituciones y redacciones de periódicos.
Y de aquellos lodos estas cloacas. La chapuza zarandeó el trono del embuste pero no acabó con él sino que encasquilló la verdad para siempre en las bocas del Partido Popular, avivando a su vez la desinformación de los periodistas afines. El mentor del mentidero creó escuela en plena democracia. Ahora hace apariciones escogidas como un distinguido conferenciante, animando al golpismo – « el que pueda hacer que haga »- como el que pide una aceituna para su martini. Sus alumnos se dan codazos en Madrid para coger sitio y rascar el botín de su legado.
Pero no. Hoy no saldrá a la palestra el gran maestro a torear un toro como este en una tarde como esta. Porque son así. Tampoco el actual líder del PP ni su sucesor en Galicia participan en ningún debate electoral digno de ese nombre. Afrontar la verdad les perjudica en las urnas, y eso es una evidencia histórica. Y pobre de aquel que intente desenmascararlos. Véanse los cuchillos mediáticos que se ciernen actualmente sobre la periodista Silvia Intxaurrondo, por pillar antes a un mentiroso que a un cojo.
Aquel equipo de gobierno que se reveló a posteriori como uno de los más implicados en casos de corrupción de nuestra historia, ya había faltado a la verdad con tragedias como la del Yack-43, desastres como el del Prestige y guerras para encontrar armas de destruccion masiva que nunca aparecieron. Dejaron solas a las familias de las víctimas que no les bailaron el agua, se pusieron de perfil con el bombardeo norteamericano del hotel que costó la vida al periodista José Couso, y a cuatro días de la cita con las urnas escribieron con sangre la palabra ETA para salvar su pellejo electoral.
Hoy en día, las trolas a granel, o que resuciten a la banda terrorista en función de las necesidades del momento no debería cogernos desprevenidos. La memoria es corta, pero una mentira aupada en la desgracia del 11M representa un precedente en las conciencias de todos.
Aunque la picaresca de alcantarilla lleva años abonando el sustrato de nuestra maltratada democracia.
Covadonga Suárez
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Orgullo pascual
Con respecto a la polémica desatada por el cartel de la Semana Santa de Sevilla, quizás convenga recordar que una historia siempre se puede contar desde al menos dos ángulos. Por eso, hay dos puntos que se entremezclan en este polémizado anuncio de la celebración. El primero se sitúa en su origen, es decir, poco después de la muerte de Jesús de Nazaret, cuando empezó todo: la época en que los cristianos eran perseguidos y arrojados a los leones solo por el hecho de serlo,
Todas las revoluciones empiezan con la reivindicación de derechos, de más tolerancia o de más igualdad. Y el cristianismo no fue una excepción, por mucho que la idea haya calado tan hondo que todas las ratas del reino se hayan arrimado a lo largo de los siglos para sacar tajada o placer individual, convirtiendola en un producto de marketing vertebrado por una jerarquía mucho más humana que divina.
Lo que arrasó fue el carisma tremendo de un hombre que llegó a decir que Dios era uno de los nuestros. Pero, como a todo pacifista, lo mataron. Y con ello lo hicieron rey : a pesar de la Iglesia y de la historia, la figura de Jesús es del pueblo, y la Semana Santa lo confirma. Si nos damos cuenta, la representación escénica de la pérdida, del desgarro y del luto cobra una dimensión desmesurada, mucho más que la resurrección. De esto se deduce que la idea de Jesús como ser humano es la que triunfa, no como dios que se eleva a los cielos sino como abanderado de unos ideales, y que es eliminado solo por ser quién es. Sabemos por experiencia que un mensaje de igualdad y tolerancia es siempre una amenaza para el poder, y al mismo tiempo es lo que mueve al pueblo -siempre- a salir a la calle.
Dicho esto, aquí llega el segundo punto de esta historia y la polémica por un Cristo de Salustiano García, rompedor -en más de un sentido- con una tradición austera y tenebrosa. Al margen de la intención del autor y del contexto religioso donde se inscribe el encargo (Semana Santa de Sevilla 2024), en un cuadro que ha tardado cuatro meses en ser ejecutado por un artista con una amplia experiencia, nada es casual. Todo ha sido pensado y calculado para suscitar una experiencia estética donde la connotación existe. Y la visión de este cuadro puede recordarnos inmediantamente a la estética gay, pop y kitsch de « Pierre et Gilles », por ejemplo, que también incluian a personajes religiosos.
Actualmente, no hay homosexual en España que no quiera un póster de este Cristo jovencísimo, moderno y bello a rabiar, peinado de raya con el pelo por detrás de las orejas, barba tallada, estilizado, con la cadera ligeramente entornada hacia la izquierda, sudario impoluto, control piloso impecable, y sin rastro de las tradicionales heridas salvo aquellas que la mano sugiere y señala muy discretamente. Todo parece brillar en este triunfo de la carne tras la muerte.
Y llegó el escándalo. Sorprendentemente no han cosechado la misma repulsa otros Cristos WASP hollywoodienses, ni otras representaciones enrubiadas de ojos azulmente palestinos. Que el sector ultra esté hoy lanzando espumarajos por la boca cuando nunca le ha chirriado la belleza sublime de Jim Cazievel en «La pasión de Cristo» del ultra de Mel Gibson, es la prueba de que este cartel, con intención o sin ella, propicia una lectura de amor, igualdad y tolerancia que parece un guiño ancestral.
Faltaba un Cristo a imagen y semejanza, que se saliera del molde de aquellos que se hicieron con la leyenda.
Covadonga Suárez
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Baltasar, negro sobre blanco
Hasta hace unos 30 años en España éramos casi todos blancos, o más bien de esa raza mestiza que resultó de las múltiples invasiones sufridas a lo largo de la historia. Pero bueno, digamos que éramos más bien claritos en comparación con los pueblos de una gran parte de Africa, por ejemplo. De ahí que en período navideño proliferaran los negros improvisados, y las pieles se oscureciesen a menudo con métodos rudimentarios como el corcho quemado, que ennegrecía rápidamente al rey Baltasar y su cortejo. Esto era así por pura necesidad y falta de recursos, sobre todo en los pueblos y ciudades pequeñas donde solo podía verse algún negro de verdad en verano, o en algún evento cultural o deportivo.
Hay que decir que España no fue un país atractivo para la inmigración hasta finales del siglo XX. Con anterioridad era más bien el español el que buscaba fortuna en el extranjero. Esto hacía que, en período navideño y para recrear la ilusión de la llegada de los Reyes Magos, los negros no fueran reales y se « fabricaran » por imitación. El que hable de tradición, miente : es porque no había negros.
Pero, incluso en aquel entonces, era muy difícil engañar a los niños. Los negros de la cabalgata brillaban de modo extraño y sus rasgos bajo la negrura, eran como los del vecino del tercero. ¿Por qué el embajador Aliatar, a veces de ojos azules y cuello manchado de negro, evitaba la efusividad de los retoños que venían a sentarse sobre sus rodillas ? Pues si antes nos la colaban a duras penas haciendo acopio de inocencia y fe en los mayores, muy difícil es que cuele hoy, época en la que cualquier videojuego que se hayan pedido los niños supera mil veces en realismo a esas cabalgatas, altamente carnavaleras.
La situación actual es bien diferente. La diversidad de las grandes ciudades convierte en obsoleta la elección de tiznar la piel clara para caracterizar al rey Baltasar, sobre todo en una sociedad consciente que se define rápidamente por el respeto o el desprecio al diferente. El problema es que la interpretación racista es la más lógica por su contigüidad con el blackface, producto de la burla y de la estigmatización desde lo alto de una raza que se cree superior.
La (ultra)derecha española, que ha recuperado el orgullo conquistador e imperialista como rasgo patriótico, no podrá convencer a nadie de que no hay en esa burda pintura una mínima reminiscencia de supremacismo heredado de un nostálgico colonialismo, sencillamente porque no se puede recrear una etnia como un ambiente, sin caer en la caricatura y el reduccionismo.
Lo importante es participar y divertirse, dirán otros. Cierto. Y ahí habrá que hacerse otro tipo de preguntas de tipo cultural, clasista, folklórico o kitch. Que la paletada no nos ofenda más que lo justo es algo que parecía vociferar el rey Baltasar, negro de bote y torero de tiros largos, que apareció en Sevilla, un fenómeno que aun escuece los ojos. Ya no es que Baltasar fuera pintado, es que su « disfraz », mezcla de torero circense y Tino Casal, debe contemplarse dentro del conjunto de integrantes de la foto. Y cuando no sabemos si se trata de extras de la prelogía de Star Wars o de fans de Loco Mía, el cabreo se disipa.
La chapuza es tan variada como lo es nuestra sociedad. Menos mal que la ilusión no nos la quita nadie.
Covadonga Suárez
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Golpe x golpe = golpista
Desde « El que pueda hacer, que haga » con vocación golpista, del expresidente Aznar, ha pasado algo más de una semana y ha ardido Madrid. Sedes del PSOE han sido vandalizadas y policías agredidos durante manifestaciones desbordantes de simbología franquista, convocadas, animadas o toleradas por la derecha española y/o sus tentáculos.
Después de la cobra que le hizo Ayuso a Feijóo, condenando la violencia en las protestas, el espíritu belicoso ha vuelto este domingo a las filas del PP, cuando el señor de la guerra miraba atento desde la algarabía popular a sus retoños, unos más clavaditos a él que otros.
Así, jaleada, estirando la boca hacia esa A permanente, tan castiza, esa de cuando Isabel Díaz Ayuso se crece en libertad (la suya), la de decir lo que piensa cuando le sale, la presidenta expuso la revalidación de toda una semana de principios latentes que la habían conducido pletórica hasta el micrófono.
Toda la semana, el que pudo hacer, hizo, invocando a Franco y al nostálgico paredón que antaño acababa con todas las discusiones y contrariedades, pidiendo ajusticiar al presidente salido de las urnas, y pidiendo cárcel eterna para los que dan golpes de estado con urnas. Al final las urnas tuvieron la culpa de todo, y a lo contrario le llamaron libertad. Enorme.
Pues bien, como decía, después de la calle caliente, llegó Ayuso como la libertad guiando al pueblo -de Madrid, salido de madre-, y devoró ese discurso ardiente para luego lanzarlo a los cuatro vientos vestido de normalidad, sin alusiones explícitas a su apoyo a los ultras, sino diciendo : « quienes están dando la cara por todos, no están solos, ¡gracias, valientes! ». Y animando a seguir, porque «hay que dar esta batalla, por larga que sea», belicismo y buenas maneras de la que se compremete a « devolver golpe por golpe ».
Y aquí casi habría que definir «golpe» para saber qué golpe habría que devolver, de lo contrario todo indicaría una nueva invitación al golpe de estado, 10 días después de que lo hiciera Aznar. Digamos que en «golpe por golpe» el primer golpe es el que hace pupa, el de la democracia que permite formar gobierno a través de pactos, y el segundo golpe, el que se pretende devolver, es el que nace de la ofensa que supone estar en el bando de los que no van a gobernar, algo parecido a un golpe militar.
Y cada uno lo expresa a su manera : Feijóo, queriendo repetir elecciones hasta el infinito, Ayuso a hostia limpia, como diría ella si pudiera. Pero no puede. Por eso « el que pueda hablar que hable, el que pueda hacer que haga ». Que siempre acaba apareciendo un espontáneo lanzando espumarajos por la boca con una pistola cargada. Y, mientras, a seguir cuestionando la democracia cuando no sonríe a la parte que le toca, que si algo caracteriza a la derecha española actual es su forma de desnormalizar la normalidad democrática.
Los nostálgicos de la reserva espiritual de Occidente, hoy tienen la reserva ultra concentrada en Madrid, como si Madrid fuera el mundo, y como si la democracia fuera una pesadilla para cualquier español de bien, incluidos esos españoles de bien que Ayuso está esperando a que caigan de la burra para subirse al carro.
Pues nada, ya se irán dando cuenta ellos solos de que no son nación. En todos los sentidos.