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  • La cultura de la muerte

    Los campos de concentración del siglo XXI están dedicados a albergar animales y se llaman macrogranjas.

    A día de hoy está sobradamente demostrado el impacto medioambiental de estas explotaciones. Por un lado están las emisiones de metano y amoníaco, y por otro, la contaminación del agua, que hace que las Zonas Vulnerables por Nitratos (ZVN) lleguen a ocupar el 24% de la superficie total de España. A cambio, muy pocos puestos de trabajo para esos pequeños núcleos de población cuyo entorno se ve degradado.

    Las protestas ciudadanas a nivel local no son suficientes para dar a conocer la situación y propiciar la difusión del problema. La España vacía o desolada no es Madrid, claro. Sin embargo, estamos ante un problema de máximo interés social si lo enfocamos bajo otro aspecto. El del maltrato animal.

    Este tema, como todo en la vida, depende de la publicidad, la difusión y la propaganda. Pero no sólo, también de la cultura, las costumbres, y del propio bienestar del individuo. Debemos ser conscientes de que si el tema no alcanza la difusión necesaria es porque las macrogranjas afectan directamente a un porcentaje muy bajo de la población, es decir, a aquellos que viven en las zonas contaminadas. Luego, en cuestión de alimentación, parece ser que sólo un 2,2% de la población española sería vegana o vegetariana y un 10,8% apostaría por una dieta principalmente vegetal (( https://vegconomist.es/estudios-y-numeros/informe-especial-el-numero-de-personas-veganas-crece-un-60-de-2019-a-2021-en-espana/ )) . Con lo cual, para el 87% de la población restante matar animales para comer sería una operación no sólo natural sino imprescindible. En resumen, atendiendo a criterios puramente alimenticios, sólo un 13% se estaría preguntando en este preciso instante si otra vida es posible.

    Pero si profundizamos un poco más, y entramos en la cuestión de la tortura que sufren estos animales hacinados en unas condiciones deplorables (( https://es.greenpeace.org/es/en-profundidad/viaje-al-interior-de-las-macrogranjas/asi-no-las-lamentables-condiciones-en-la-que-viven-los-animales/ )) , vemos que la responsabilidad ciudadana frente a este maltrato animal no existe socialmente, que a muy pocos de esa gran mayoría carnívora se les ocurre imaginarse su propio estómago como remótamente reponsable de un sufrimiento animal a gran escala.

    Entonces cabe preguntarse si la invisibilidad del problema no viene de una ceguera social y estructural en nuestro modo de entender el mundo que comprime cualquier posibilidad de reconsiderar la situación : el hombre como dominador de las demás especies, el grande que se come al pequeño y el dolor inevitable por naturaleza de la cruda ley del más fuerte. Parece que no tengamos cabeza para más, pongamos como ejemplo a Pedro Sánchez haciendo apología del chuletón para no poner en tela de juicio la existencia de las macrogranjas, como si fuera incompatible lo uno con lo otro. Así, si nos hablan de explotación y exterminación despiadada pensamos en los indios de América, y si nos hablan de tortura animal pensamos en la tauromaquia.

    El consumo de carne cuenta con el consenso ideológico de la mayoría, la falta de conflicto políticosocial hace que las macrogranjas no tenga ningún tipo de influencia directa en la vida del ciudadano y que el « cómo » no interese lo suficiente para ser difundido en los medios de manera consecuente salvo en contadas excepciones periodísticas.

    Por eso, voy a proponer un ejercicio comparativo que exige una preparación previa. Es dificil enfriarse la cabeza, vaciándose de toda viviencia o prejuicio sociocultural, pero lo vamos a intentar. Y una vez relajados, establecer una comparación entre toros y macrogranjas, preguntarnos si la cultura de la muerte al fin y al cabo no depende de nosotros mismos. Si no es por eso que algunos ven arte en el toreo, en su belleza plástica, en el baile improbable de un hombre con un toro, y hay quien ve la puesta en escena de la muerte de un animal. Si entendemos esto, tendríamos que estar todos de acuerdo en definir la atrocidad de las macrogranjas como la expresión gratuita de una sociedad consumista y egoista que cierra los ojos. Concluir que si no salimos a la calle a protestar, todos, en tropel, es porque el ser humano por regla general privilegia su bienestar ante el sufrimiento de un animal. Como decir sí o no al toreo responde, en gran medida, a nuestro bienestar ideológico, social,y cultural.

    Covadonga Suárez

  • Modérese, haga el favor

    Como si en centralita tuvieran la certeza de que la opinión pública funcionase como la epilepsia, nos llega la misma llamada de atención una y otra vez, una llamada a la moderación. El punto de partida es un abanico ideológico que ha desembocado en un pluripartidismo con representación en las Cortes, como sintomático de una posible degeneración social in crescendo. Dicha teoría no pretende entrar en cuestiones políticas o estructurales del sistema, sino apelar a un subjetivo sentido común desde las alturas paternalistas, para que nos soseguemos, pobres criaturas que se han salido de madre.

    Sin embargo todo esto huele a viejuno, y se nota porque la sociedad ha cambiado.

    Trae recuerdos de la joven democracia que se construyó pretendiendo que todos bailaran con todos, pero para ello había que transformar a la izquierda, hacerla que se tranquilizara. No se podía llegar así, de buenas a primeras en plan natural. España no era Alemania, aquí los del régimen tomaban el café en el bar de la esquina y los militares tenían un cabreo monumental además de armas. Se hizo lo que se pudo, y la modosidad entró en la vida política y social. La llamada izquierda aprendió rápido y los que no se quedaron fuera de juego mutaron genéticamente. La moderación la llevó Felipe González a su máxima expresión, cuando hacía derretirse a la audiencia, acostumbrada como estaba a los vociferantes uniformados. Fraga no pudo con él, y cuando llegó Aznar se hizo el corderito -tiren de hemeroteca y alucinarán- sin llegar nunca a su nivel, hasta que los escándalos políticos acabaron con aquel PSOE. Eran tiempos de cambio y de adaptación. La derecha tuvo que jugar a la democracia, la izquierda convulsionó y, mientras tanto, los nacionalismos hacían su trabajo de fondo.

    De aquella derecha intoxicada de paciencia y de aquella izquierda y su trepanación (trepa+nación) nacieron los aspirantes a todo a fuerza de girar como girasoles, con la visagra divina del monarca.

    La moderación trae recuerdos también del pasado reciente, de una larga lista de adaptaciones bipartidistas para seguir reinando junto al rey. Sólo que los planes no están saliendo como previsto : los nacionalismos no quieren mutar para existir, la calvicie que dejó el PSOE en la izquierda está ocupada por Unidas Podemos, y en vista de lo visto, la derecha ya no quiere disimular sus raíces franquistas, surgiendo Vox para comerle la tostada a un PP más furibundo que nunca.

    Y nos piden moderación desde el Olimpo, como si el bipartidismo fuera la más alta expresión de la democracia, como si no nos conociéramos ya todos de toda la vida. Además a estas alturas el término « moderación » suena a ñoño, ahora lo que se lleva es la equidistancia, una especie de indiferencia taimada y con radar que se pretende neutral sin serlo. La equidistancia se materializa diciendo que los extremos no son buenos. Esto se consigue desplazando la derecha al centro para que los de Vox sólo parezcan hipertensos, y para que Podemos aparezca radicalizado, evitando así que se convierta en una posibilidad legítima. Por otro lado los nacionalismos ya se sabe que son terroristas y tienen el demonio en el cuerpo.

    El bipartidismo va de la mano de la equidistancia para que nada cambie, pero no para preservar la concordia y la convivencia ejemplar, sino para preservar el sistema que se repartieron las élites de un tiempo y que se ha mantenido hasta hoy. Sin hacer autocrítica, sin cuestionar la salud de la democracia, de la monarquía o de la justicia, y sin preguntarse dónde está realmente el peligro.

    Por eso, querido ciudadano, cuando le pidan moderación, o alguien más atrevido le diga directamente que hay que votar bien, como diría el Nobel, usted sonría. Y si es creyente, rece.

    Covadonga Suárez

  • Yate desenfocado

    Yate vale. Es que todo vale. El caso es armarla, y para ello, velocidad y tocino parecen hechos el uno para el otro. Pero la culpa no es del consumidor. Actualmente, el salto del periodismo entrecomillado a twitter ya no es cuestión de abismos. Una vez nos han contado en letras de imprenta que 2 y 2 son 5, a ver quién es el guapo que se atreve a decir lo que puedes o no puedes opinar en el salón de tu casa, o si puedes o no puedes compartirlo en redes. La comunicación adopta la forma que mejor sirve a sus fines políticos, la que propone una información al usuario para que la utilice en beneficio propio. Es el marketing de la satisfaccion inmediata : se lee lo que se quiere oír, y luego se comparte lo que sirve a la propia ideología o a las propias frustraciones.

    Por ejemplo, en los últimos tiempos nos han contado una de yates. O más bien dos. En pleno mes de agosto aparecía una fotografía de Adriana Lastra a bordo de un yate, con un grupo de amigos. Los comunicadores de la derecha más estrábica presentaron la foto con los pertinentes comentarios dirigidos a un ala de twitter donde el volumen de los ladridos no deja sitio para cualquier otra conexión cerebral. El que crea que estoy insultando, que siga leyendo : el transmisor come de sus propias acciones y da de comer al hambriento y al propenso, animalizando a su propio público, apelando a sus instintos más básicos y rápidos a través de una deontología informativa siempre coja de un lado, y siempre del mismo lado. Haciendo circular un mensaje personalizado y personalizable a partir de una imagen real.

    ¿La imagen ? Adriana Lastra a bordo de un yate posando con un grupo de amigos ((https://twitter.com/JuanfraEscudero/status/1429410257185431556?s=20)) , una foto de verano. En el encabezado, la falta de distancia de seguridad y de mascarillas -entre amigos y en altamar- se llevó la palma, así como el lujo comunista. De nuevo, todo progre debería arder en el infierno por buscar la felicidad y no esconder los billetes, por hacer competencia desleal a los froilanes, que heredaron el lujo por rango aleatorio. Esto provocó una horda de ataques e insultos. Yate digo.

    « Yate digo », así presentaba C. Tangana unos días antes en instagram su canción « El yate », acompañada de una foto donde aparecía rodeado de chicas, posando en cubierta ((https://www.instagram.com/p/CShsE9EsMaB/)). Enseguida se habló de sexualización, de machismo, y se comparó la foto con otra de Julio Iglesias en una piscina o de Jesús Gil en un jacuzzi. Sin embargo la simbología del jacuzzi o de la piscina, como receptáculo sexual, no es igual que un yate, ni Iglesias o Gil en un primer plano con chicas anónimas siempre detrás pueden compararse con un C. Tangana al fondo.

    Para empezar, se nos olvida que la de C. Tangana no es una foto personal sino promocional, una puesta en escena pactada donde aparecen rostros conocidos como Ester Expósito, Jessica Goicoechea, Miranda Makaroff y Hiba Abouk, luego no hay supremacía real. Después, en la imagen en sí las poses sugieren que las mujeres son leonas y dominan la situación, que igual ellas se lo comen a él, por mucho que él parezca frotarse las manos. Que el ídolo espera su momento, no lo crea. Que la copa en el trasero se la pone una mujer a otra, que a la derecha otra chica exige silencio, quizás a los aguafiestas.

    Esta angulosidad de miras que provocan ambos yates procede de intenciones diferentes, inspiradas por ideologías opuestas, pero no está de más preguntarse por qué lo de menos es que Adriana Lastra estuviera vestida y los chicos en bañador. O que C. Tangana posara sin mascarilla y en tropel. ¿No estaremos cayendo, como público, en los estereotipos ?

    Covadonga Suárez

  • Stromaë, el Maestro que llegó de Marte

    La maestría es la cualidad de quien ejecuta algo con arte y destreza. Pero había que darle la vuelta, desviar la atención, girar el término para no detenerse en el hecho mismo y huir de la contemplación escapando hacia adelante. El maestro debía llamarse Stromaë, un cohete lleno de magia, de audacia desbordante, donde los borbotones de ideas eran lanzados como flechas desde su fuente inagotable, ante la avidez ambiente que pedía siempre más. Stromaë era creación pura y se enroscaba en ella como si fuera el alfa y el omega de su día a día, como el suero nutritivo de la luz que daba el tono al conjunto de su propio ser. Ante el prodigio, la oferta se confundía con la demanda, y después de 200 conciertos en un solo año llegó el apagón. En su curriculum, dos álbumes de estudio y una leyenda que siguió creciendo a pesar del silencio.

    Stromaë sufría del sídrome del impostor. A pesar de su éxito fulgurante, de su talento indiscutible, no asimilaba sus propios logros. Quizás por ello producía sin cesar, era un creador bulímico y completo en multitud de planos superpuestos. Así llegaron en un primer momento sus « lecciones de Stromaë », especie de pequeños cortometrajes donde explicaba « cómo se hizo » o « cómo se forjó » un tema, en clave de humor, desmitificando al creador y dejándonos entrar hasta la cocina. Como si fuera un juego. Como si el mérito no fuera suyo y cualquiera que tuviese un teclado pudiera hacer lo mismo.

    Llegó el album « Cheese » en 2010, más bien electro, y dos años después « Racine carré », más mestizo, más amplio, una cima de sí mismo. Sus extensiones creativas comenzaron a despuntar en un look cada vez más definido en materiales y dibujos vestimentarios. En las estructuras de sus vídeos se apreciaba una implicación visual donde todo era diseño de precisión. Y en lo que se refiere a la teatralización de sus textos, sus transformaciones (o reencarnaciones) fueron éxitos atronadores. Citemos sólo dos ejemplos. En primer lugar el vídeo de la canción « Tous les mêmes ». Aquí Stromaë aparece caracterizado mitad hombre y mitad mujer para poner en escena de manera alternativa y en un tono caricatural, la incomprensión y las barreras entre los dos sexos. En este sentido hay que subrayar su memorable aparición en la televisión francesa, (Canal +, « Le grand journal») representando ese doble papel durante una entrevista y posterior actuación.

    El segundo vídeo sería el de la canción « Formidable », rodado a primeras horas de la mañana a la salida de una estación de metro en Bruselas con cámara oculta, puesta en escena de un Stromaë supuestamente ebrio, víctima del desengaño amoroso. Su interpretación fue tal que la gente lo filmaba con sus móviles e incluso en un momento dado se le acercaron unos policías para acompañarlo a casa. Al margen de la puesta en escena en este vídeo habría que hacer un inciso en su temática y en su voz. No en vano la molesta comparación con Jacques Brel se impone desde un principio, y no sólo por tratarse ambos de dos fenómenos belgas. Su forma de frasear el desgarro y la desesperación, lo sitúa muy cerca de su predecesor y de canciones como « Ne me quittes pas » o « Jeff », y de ese desamor decadente de hombre vuelto al polvo entre la humedad de la acera, el alcohol y la madrugada, del gran Brel. Como él, Stromaë cuenta historias, pero, con sólo 25 años ya retrata la distancia insalvable en las relaciones personales y los abismos de la sociedad en canciones como« Alors on danse » o « Te quiero » . Con humor, desesperanza, ironía, y un manejo lingüístico de una soltura tan certera que parece casi evidente.

    Musicalmente se puede apreciar en sus composiciones la influencia de la música electrónica (y en especial la new beat, nacida en Bélgica), del hip-hop, y de ritmos africanos y latinos. Pero al margen de sus melodías, y a pesar de brillar en múltiples facetas, quizás su mayor logro resida en saber cantar como nadie las contradicciones de la vida moderna.

    Cuando todo terminó, fruto de problemas de salud mezclados con un burnout, Stromaë decidió retirarse y dedicarse a su marca « Mosaërt » -ya creada en 2009- para desarrollar, desde la sombra y a otro ritmo, proyectos en relación con la música, la creación audiovisual y la moda.

    La buena noticia es que Stromaë ha anunciado su regreso con un nuevo album este otoño, y una nueva gira. Desde entonces sus fans no han dejado de temblar, y la espectación rompe todos los termómetros. Desde su último disco en 2012… ça doit faire au moins mille fois qu’on a bouffé nos doigts ((«debe de hacer por lo menos mil veces que nos hemos comido los dedos (comido las uñas al máximo)», extracto de la canción «Papaoutai»))

    Covadonga Suárez

  • La RAE de IDA no tiene URL

    La RAE de IDA no tiene URL ni nada que se le parezca. Su Real Academia Española, de reciente creación es un misterio. Nos ha caído del cielo como si estuviera alojada en la nube, ese espacio de almacenamiento donde también guarda la libertad el PP.

    Ayuso hace eso posible. Una oficina del español, que podía haberse llamado «La oficina de Toni», como cualquier chiringo de playa, pero que tiene delirios didácticos en la forma, pretensiones político-marrulleras en el fondo, y el objetivo claro de acoplar al colegui transversal. La idea de esta oficina es algo tan abstracto como imaginarse a Toni Cantó manos a la obra. Ya no solo porque esté al mando alguien sin formación, habiendo como hay instituciones de renombre internacional que fomentan y protegen el uso del español en el mundo, sino porque nadie, por muy ultra que fuese, se hubiera atrevido nunca a defender y difundir el castellano en Madrid, capital de su cuna.

    Y no, no por haberse comentado y escrito tanto sobre el tema, está más cerca de ser asimilado.

    Hasta a los propios protagonistas pareció perturbarles el anuncio. Al camaleónico Toni se le vio algo incómodo, a pesar de su larga experiencia en contradicciones, y trabajos e ideologías diversas. No por ningún tipo de escrúpulo moral sino por no encontrar -ni ser capaz de inventarse- justificación posible para la creación de su boutique. Sí, a lo mejor el día de la Hispanidad va a salir a tirar cuatro petardos enfrente del portal. Pero cuando dijo « el chiringuito soy yo », pobrecito mío, qué nervios tenía que estar pasando.

    Igualmente, Ayuso lo anunció con la mirada baja, pestañeo acelerado y dicción atropellada, como si se estuviera dando cuenta de la parida mundial que acababa de exponer, pero ¡adelante ! Tragarán con esto y con más. Además, mejor ser tachada de amiga de sus amigos que de reventona de lo público. El árbol que impida ver el bosque será el más estrafalario. Ese bosque tan antiguo pero que parece llevar siempre ventaja sobre el presente.

    En efecto, a pesar de lo turbio y de lo ridículo, ahí están los sondeos con el PP propulsado por los tejemanejes de la diva. Aznar, que lleva 30 años gobernando el partido sin que le choque a nadie, lo tiene muy presente. Después de todo lo que han armado y siguen armando, el disimulo ya no existe, lo mejor es ser tal cual con una cara como el cemento. Así Aznar puede tildar de centro-derecha a la banda que rige sus principios por el manual de Vox, y proclamar lideresa trendy a la presidenta que no respeta ningún orden que ponga lindes a su ambición o a su albedrío. Ya ni siquiera se salva al rey, señalado por haber firmado los indultos del procés, y de rebote convertido en monigote o en vendido al felón.

    ¿Quién nos iba a decir hace un par de años que nos pondríamos una vacuna en El Corte Inglés? Inimaginable, como si nos dicen que nos pondríamos vacunas de Loëwe. En la trastienda, Ayuso siempre hilando fino mientras Cantó es el blanco de todas las burlas. Por cierto, qué manera más generosa de dinamitar sus últimos cartuchos políticos.

    A cualquier cerebro normalmente constituido le cuesta asimilar un nivel tan pobre y una estrategia tan interesada. Porque sí, ciertamente, todo resulta demasiado estúpido para ser tan sencillo.

    Covadonga Suárez

  • Mi libertad

    A día de hoy podemos decir que «libertad» es la palabra más usada y vacía de contenido en lo que llevamos de 2021. Desde « Libertad sin ira » en el 76 hasta «Comunismo o libertad» hace un mes, hay un mundo en espiral, y el colmo ya está aquí. Curadísimos de espanto antes de empezar, nos comportamos como sombras de micromaltrato, tan hastiados que vamos en modo impermeable. Entre tanto libre albedrío seguro que tendremos derecho a formular una pequeña pregunta : ¿La libertad era esto?

    La clase política empieza hablando de democracia plena como dogma insuperable y acaba a insulto limpio en el debate en el Congreso. El 15 de abril tenía visos de teatrillo con el histriónico cabreo de Casado y su « ¿pero usted quién se cree que es? », digno sucesor del antiguo « usted no sabe con quién está hablando», recordando a Sánchez que estaba allí de prestado. Chulería, vergüenza, mentiras, fueron palabras clave, con acusaciones que podrían dejar boquiabierto a un profano, pero no a nosotros. Y el teatro se transformó en circo con la llegada de Abascal. El que rompió el cordón policial en Vallecas, culpaba de todo al gobierno, adoquín en mano. Con menos rodeos que su colega soft, tachó a algunos de terroristas y a algún otro de sinvergüenza. A la violencia verbal se unían todas las afirmaciones gratuitas que se pueden blandir para intentar hacer sangre en el contrincante. Y en período electoral no hay ley moral que sujete los instintos de farwest. Con el nivel alcanzado por nuestros representantes, quién va a criticar ahora lo que pase en un reality o en un debate acalorado de un programa del corazón donde el verdulerismo es en ocasiones el termómetro de la intensidad televisiva.

    Después, algunos no entienden que se pierdan las formas en los barrios. Los mamporrazos a pie de calle en cada manifestación del pueblo llano acaban protegiendo al pueblo alto y a las élites. Ahí se diluye de manera alarmante el gobierno progresista, entre la libertad de expresión y la violencia del desorden público. Su inacción da la razón por omisión tanto a los que acusan al ministro del interior de beneficiar a sus supuestos acólitos, como a los que le acusan de aporrear al pueblo.

    De hecho la confusión transforma también el mundo de la información. La libertad es un arma arrojadiza en manos perversas que deciden desde las alturas quién es el bueno y quién es el malo. La locura última es comunicativa. Sin embargo, la crítica al periodismo como herramienta partidista ha sido a su vez criticada por los criticados. Esto no es un trabalenguas, es el mundo al revés. Si la crítica es considerada como un atentado contra la libertad de prensa que me expliquen lo de la libertad de expresión. El último ejemplo es el rótulo que hizo saltar de sus puestos a dos profesionales en cuanto el César orientó su pulgar hacia abajo.

    Blanquear lo imblanqueable pasa factura a nivel social y a nivel de red social. La homofobia, el racismo, el machismo, ya son tan tolerados como sus víctimas. La semilla prende y se adereza con bots que hacen que el acoso y los insultos en las redes sean cada vez más frecuentes. Sobre todo hacia mujeres, y si además son de izquierdas, y feministas, tienen todas las de perder. No es casualidad que en apenas unos días hayamos visto desaparecer de twitter a Ada Colau y a Cristina Fallarás.

    Lo peor de todo sería que esto llegase a convertirse en un fenómeno de masas, y que todos nos acabásemos subiendo al carro del insulto sin argumentos, el insulto de patio de colegio que carece, por inmadurez, del recurso de la réplica, el insulto de energúmeno al volante protegido por su habitáculo, o el del espectador de fúbol fusionado con la masa anónima. Por poner un ejemplo reciente recordemos la primera entrega del programa « Lo de Evole » con Miguel Bosé. Aún no había salido del tema personal que en las redes ya se lanzaban mordiscos al aire. Se le criticaba por lo que fuera, incluso por su consumo de drogas (ya sabemos todos que drogarse no lo hace ningún artista, ¿verdad?). Poco antes había sonado en el programa «Mi libertad», su primera canción en televisión en 1977 : Libertad, mi sola amiga,/ cuando era un inocente/ y creía que la gente/ era toda amiga mía.

    ¿Por qué los usuarios no esperaron a la segunda entrega de la entrevista, donde se abordaba su posición frente a la Covid? Nos hubiéramos ahorrado leer tantos improperios desorientados una semana antes como afirmaciones infundadas oímos a Miguel Bosé una semana después.

    Y vamos con el negacionismo. Aunque hoy todo se le achaca a la libertad de expresión, ¿qué libertad ejerce realmente una personalidad emblemática, de clara influencia social, que sienta cátedra en temas políticos, científicos y de seguridad, sin poseer una formación específica y sin aportar argumentos concluyentes?. Quizás sería más exacto decir «libertad de presión», la libertad de los privilegiados por su popularidad. Sin embargo, la repercusión de las declaraciones depende de la presentación del comunicador que, en el caso de Evole –chapeau -, ha ofrecido al invitado la perspectiva de su propia imagen en el espejo, en un intercambio de tú a tú. Otra cosa muy distinta fue Tamara Falcó en El Hormiguero.

    Al final, nuestra protección nunca está asegurada. La información como la libertad, hoy en día, es todo y nada a partes iguales. En España vivimos nuestra historia en espiral, como un eterno retorno tornasolado de modernidad. La pescadilla que se muerde la cola acaba como el perro de San Roque, y el riesgo es que, de usados y aturdidos, con tanta libertad ajena, nos quedemos sin derecho propio. De hecho, ya está sucediendo.

    Covadonga Suárez

  • Storytelling madrileño

    Hoy voy a hablar de un storytelling castizo, un storytelling servido hasta en la sopa, pero una sopa de cocido madrileño. Esta historia arranca de la estigmatización del 8M como manifestación vírica, y termina ahora con su prohibición como si se tratara de la catarsis lógica de nuestra propia tragedia. Se clausura así el ciclo que cumple un año de confinamiento, marcado por los tiempos del relato que todo el mundo quiere narrar. El relato que se mueve y al que se le añaden capítulos, pero que marca el tempo de los movimientos sociales y las evoluciones. Es un relato con letra de imprenta, mediatizado y oficializado. Pero, es ahora, al cumplirse un año, cuando las historias del segundo plano empiezan a subir a la superficie, como los restos de un naufragio que se hacen visibles cuando se calman las tempestades y vuelven a sentirse las corrientes y las mareas.

    Ahora, que se habla menos de Covid, que la gente ha perdido el miedo a lo desconocido frente a lo conocido, es cuando reaparecen las experiencias más reales. Lo más impactante es lo que necesita contarse un año después porque sigue siendo primordial. Y sin embargo, en este año de Covid oficial las víctimas sólo han sido aquellas que salían en los telediarios o en los periódicos, cuando la histeria colectiva y el objetivo político narraba la historia con el fin de buscar culpables. El relato mortuorio de las cifras encontraba su expresión fotográfica en portadas más o menos exhibicionistas en momentos muy delicados. Las víctimas eran aquellas del Palacio de Hielo, no las que morían en las residencias porque no se les permitía ser derivadas a los hospitales. También las víctimas que morían solas entre enfermeros y médicos desbordados eran menos conocidas. La desesperación individual de la sanidad pública fue vivida de manera mucho más paulatina aunque profunda, porque no había tiempo para nada y porque el miedo ciego es una anomalía colectiva que se nutre de ese otro relato prefabricado.

    Solo existe lo que se publicita aunque las víctimas de la sombra sean las más numerosas. Un ejemplo inverso sería el de ETA, y esa sensación de actualidad como si las víctimas acabasen de fallecer, y todo porque Pablo Casado las menciona siempre en sus discursos. Conclusión : los fallecidos existen cuando hay un relato repetido y mediatizado.

    Como decía, el cierre del círculo se enmarca en una espiral antifeminista entre dos 8M madrileños, la demonización del evento exige su expiación con la supresión de la protesta, más o menos como cuando Eva fue expulsada del jardín del Edén, salvo que el pecado original de la mujer emancipada no lo lava ni el agua del Jordán. Y, como broche de oro, han cantado bingo en la Comunidad de Madrid. La diva ha dado la patada a todo lo habido y por haber como una reina aburrida, pero ya amortiza el arrebato diciendo haber sacado a Pablo Iglesias del Congreso. Cualquiera podría imaginarse que lo ha vapuleado ante la multitud, ella a lomos de un caballo blanco y vestida de Juana de Arco. Pero no, el storytelling de Ayuso es siempre así, y sin embargo lo vende hasta en el Rastro.

    Por eso el desalmado Iglesias que no se aferró a su sillón de vicepresidente solo por fastidiar, que deja su cetro en manos de sus compañeros de partido y de la militancia, y que ha tendido la mano -ya enrojecida de mordiscos- a Errejón, no las tendrá todas consigo ni aunque se haga el harakiri en directo. Quizás porque su historia es como la de las víctimas anónimas de la Covid : no existe si no cuenta con una difusión consecuente, pero engrandecerá su figura a largo plazo, por haber aportado cohesión y coherencia a un sentimiento colectivo.

    Mientras tanto, y por loco que parezca, las frases pegadizas del estilo : « Comunismo o libertad », se llevan el gato al agua. Quién me compra este misterio, como dice la copla. Pues habrá quien lo compre, y a precio de oro.

    Y es que como en Madrid, en ningún sitio.

    Continuará

    Covadonga Suárez

  • A Cifuentes le echaron un máster en la Coca-Cola

    ¿Quién nos iba a decir hace unos años que Cristina Cifuentes, ahora musa televisiva, sería lavada de sus pecados y renacería más rubia que nunca, resplandeciente como una Venus de Boticelli ? Parte de su filosofía ya había sido expuesta en 2017, y su rubiedad ambiciosamente pasiva en un mundo de hombres, codificada en su recorrido hacia la cima. Así que Cristina Cifuentes es, desde hace unos días, inocente de haber presumido de máster falso y de haberlo exhibido y ondeado a los cuatro vientos, porque ella no sabía lo que hacía. Unas desaprensivas mujeres se entretuvieron confeccionándole un diploma a sus espaldas y, en un momento en que estaba despistada, se lo echaron en la Coca-Cola, con el correspondiente subidón que esas cosas producen : te creces, te envalentonas, hablas por los codos…

    Así que el poder judicial, cual coro griego atento a la acción, ha dictado sus pautas de conducta al periodismo de investigación e incluso al sentido común, con una sentencia exculpatoria que empieza a lavar por parroquias al PP del pasado. Por eso no resulta tan extraño ver a los actuales dirigentes, testigos de la defenestración de Cifuentes en 2018 por unas cremas, aplaudir a dos manos su judicial inocencia en el « caso máster ».

    Por cierto, el paso siguiente para el desmemoriado líder es mudarse de Génova, y aquí no ha pasado nada. En España todo lo maltrecho (democracia, monarquía, justicia, PP,…) se pega con unas gotas de cola de carpintero, y a correr. Sin embargo, en sus aleteos desesperados, este Jason Bourne de sonrisa granítica ya debería haber aprendido algo de la historia del Valle de los Caídos. El pasado no desaparece con mudanzas sino con medidas y afrontando la realidad de cara.

    Aunque el PSOE quiso sacar de allí al abuelo y quitarle hierro al símbolo, sólo fue un golpe publicitario que duró unos días. Borrar la estela de la momia dio paso a la realidad. Sin ir más lejos esta semana se salda con 11 escaños que Vox recoge en Cataluña y una División Azul homenajeada por todo lo alto. Nunca Franco estuvo tan vivo porque nunca en vida tuvo tantos fans libres. La democracia específicamente española permite habilitar la barbarie, y hacerle hueco. Autorizar manifestaciones, eventos, asociaciones, partidos políticos, expresiones que son ilegales en otros países de Europa, conduce, con un nuevo look influencer, a la actualización del mito. De ahí que proliferen los retoños neonazis que en otro tiempo hubiesen puesto los pelos de punta a cualquiera. Hoy, al contrario, a algunos medios les da vueltas la cabeza ante la joven que hizo un remake pasado de revoluciones del « Tomorrow belongs to me » en el homenaje a la División Azul.

    A esta democracia le da mucha pereza tocar el pasado : desde levantar cunetas hasta cuestionar a las instituciones. Y pobre del rapero que se exprese al respecto. Esta semana hemos aprendido que hurgar en la herida institucional y constitucional sale bastante caro. Y si no también están ahí para recordarlo las fuerzas de seguridad que siguen a tope de energía. Todo se les da, lo mismo te apalean a una niña en Linares que te dejan tuerta a una mujer en Barcelona.

    A todo esto, yo no sé dónde se ha metido una buena parte del llamado gobierno progresista en estos días de democracia orientativa. Muchos hemos estado con el corazón en un puño porque, francamente, poco nos pasa con la cutrez patria que arrastramos y que florece día a día. Y aún no es primavera. Cuídense.

    Covadonga Suárez

  • #YoDigoLoQueMeDaLaGana

    Si los usuarios de las redes no necesitasen credibilidad #YoDigoLoQueMeDaLaGana sería tendencia.

    Los adictos a Twitter saben lo que cuesta poner en lo más alto el sintagma mágico que acompaña al tweet. El hashtag se basa en una idea, una opinión o una información -fundada o no- y sirve para clasificar los comentarios por temas, martilleando al pasar las conciencias con un gancho sonoro. Pretende poner un sello de autenticidad a un comentario, para ofrecerle un sentido más duradero y de mayor impacto en un ecosistema voluble. Pero #YoDigoLoQueMeDaLaGana, que es quizás de lo más sincero que podríamos leer en la red del pajarito, es una verdad intangible que nunca podrá existir como hashtag. Y eso que en Twitter se dice de todo, pero para hacer triunfar esta idea no debe pronunciarse, sino llevarse a cabo.

    Está claro que en Twitter todo el mundo dice lo que quiere, es una red nerviosa y efímera, tanto que no permite la corrección del texto y limita el número de caracteres en los enunciados. Esto obliga a pensar deprisa y no demasiado, forja un modus operandi, un carácter y una filosofía, donde la ética flaquea al contacto con la jungla que cambia de piel al filo de las horas.

    Es una red de consumo rápido y compulsivo, de usar y tirar información, de usar y tirar cuentas, de organizarse como el que prepara un escrache, y medirse en justas arrabaleras con el verbo a flor de piel. Espontánea, reactiva, y muchas veces canalla, aspira a ganar batallas a cualquier precio, pues su mejor baza es que cualquiera puede decir lo que le dé la gana : los más ingeniosos, los más idiotas, los más reivindicativos, los más sinvergüenzas, los más frenéticos y los más conectados.

    Todo esto permite a los medios y a los políticos de este país compartir todo tipo de afirmaciones rápidas y sintéticas sin explicaciones. Como un martillazo, que lleva la contundencia en su propia fuerza, supone la herramienta perfecta para quien dice lo que le da la gana y se queda tan ancho. Más allá, es un reflejo de la sociedad en todo su esplendor, pero no es su transformador : la responsabilidad comienza en la prensa.

    En esta época de muros de pago los titulares cobran una fuerza inusitada, las palabras que anuncian la información -planteadas en clave editorial en el mejor de los casos- se comparten rápidamente acompañadas de un comentario directivo, que en manos del usuario se puede reorientar desde ofendido hasta insultante. Y aquí el mal ya está hecho, la bilis a borbotones se extiende. En medio de la cadena de transmisión, el político da su toque, cuando no cocina la noticia con su propia salsa arrojándola a los perros sedientos de sangre. Nunca el odio fue algo tan banal y plural. Nunca tan políticamente correcto y en libre acceso. La ultrachulería, la ultraofensa, la ultrasalvación de la patria y la hipérbole interpretativa permiten al político inmoral caldear a las masas para asaltar cualquier capitolio o cualquier congreso de los diputados, en definitiva, para cuestionar sin ningún remordimiento la legitimidad de un gobierno elegido democráticamente.

    La red mediática afín protegerá a los ambiciosos con blanqueamientos y propagandas. Y la genética política hará el resto. En el liderazgo propiciado por la estructura piramidal de los partidos de derechas, los líderes no disienten entre sí, no se critican, se protegen (sirva de pequeño ejemplo que alguien se atreva a calificar de gestión impecable lo que está pasando en Madrid). El bienestar de todo el bloque se apoya en el éxito de los líderes, que protegerán al resto, repartirán roles, se ramificarán, cerrarán acuerdos. Y girará la rueda.

    La oposición al gobierno es actualmente cortoplacista y negligente, pero sus protectores y protegidos no le piden más. Ninguno de ellos duda en hacer pasar el libre arbitrio por libertad de expresión, cuando es sabido -y precisamente por ello- que lo primero tiene sus límites. « #YoDigoLoQueMeDaLaGana y no será este gobierno criminal el que me diga lo contrario »…, para resumir.

    Covadonga Suárez

  • El rey de oros en el exilio

    Cada vez exige un esfuerzo mayor pensar que Juan Carlos I pasará a la historia como el rey héroe que trajo la democracia a España, que lideró una transición ejemplar y que abortó un golpe de estado. Una vida se escribe hasta el último renglón, el discurrir de la historia da perspectiva a los hechos, y el mundo de la información en que vivimos está arrojando luz ininterrumpidamente sobre las acciones pasadas y presentes. Todo ello hace que los tres grandes logros que se le han atribuido al rey emérito sean cuando menos cuestionables por una realidad histórica cada vez más poblada de detalles que el mundo de la comunicación ni puede ni se esfuerza en contener. Lo contrario se resume en la exclamación « ¡Viva el rey! » que, lejos de ser un chiste, es el parapeto de los que desean monarquía a cualquier precio. La pregunta sería : ¿por qué a cualquier precio ? Y la respuesta no sería otra cosa que « ¡Viva el rey! », como aquel día en que Pablo Casado lo dijo una y otra vez hasta que se hizo de noche.

    Nadie es imprescindible y menos aún un rey que no gobierna, pero sobre todo no lo es por su condición de mortal. Estamos lejos de la divinidad atribuida a su persona, que lo convertía en un semidiós. El barro del que está hecho ha sido puesto en evidencia por una exposición mediática acorde con los tiempos. Sin embargo, eso no amedrenta la vanidad gratuita del hombre rey, que no tiene por qué ser ejemplar para reinar, ni mucho menos tiene que serlo su familia, de ahí que ninguno se haya empeñado en brillar por sus logros personales o profesionales, o por su aportación a la sociedad fuera de su estatus de sangre.

    Si algo viniera a poner en entredicho la honorabilidad del monarca, que se da por supuesta de cuna, su inviolabilidad haría el resto. Y para cimentar la mezcla en la que se inserta su privilegio, nada más eficaz que haber incluido a la monarquía en una constitución blindada por una redacción a presión. Es algo que los « vivareyistas » agitan sin parar para defender el modelo de estado, la Constitución, las instituciones, y todo lo que se quiera arrastrar con él, como si la figura de un rey fuera el pegamento de un país y no cupiera la posibilidad de que en los tiempos que corren jugara un papel exactamente opuesto.

    No se trata de afirmar nada, sólo de hacernos algunas preguntas, por ejemplo, ¿por qué el presidente Sánchez pretende separar a la persona de la institución cuando en España lo que ha cuajado ha sido el juancarlismo y no la monarquía? Resulta tan contradictorio como cuando la casa real pretende separar lo público de lo privado en una institución dedicada a vehicular su imagen para alimentar el símbolo. Y si no ¿por qué PP, PSOE y VOX frenan cualquier investigación sobre el emérito? ¿Por qué protegen a Felipe VI de las salpicaduras de su padre, como si dicha paternidad fuera un mero accidente, hasta tal punto que la Moncloa trabaja en el discurso de Navidad?

    Saben que la imagen es el símbolo. Y que la imagen la decide el pueblo. Por eso no hace mucho Sánchez se retrataba vanagloriando la transparencia de un rey moderno, casi evolutivo. Y eso que el cristalino Felipe VI sólo sale a la palestra en contadísimas ocasiones, pasa de largo ante los escándalos de su padre, no defiende la unidad del reino ni la democracia frente a exmandos militares con ansias asesinas y golpistas, y no da una imagen de protector de sus súbditos con sus discursos preparados sino de protegido, por el sistema, por el gobierno, por los partidos, por la Constitución y por la prensa de papel.

    Lo único seguro es que la sangre no sólo sirve para heredar el trono, y que por eso el rey emérito no volverá a casa por Navidad a pesar de que ese era su deseo real.

    No sé si somos conscientes del momento histórico que estamos viviendo pero, siguiendo la estela de los últimos Borbones, el destino del emérito es por el momento el exilio. Un exilio obligado aunque no forzado, y ello porque no es bien recibido. Ni es oportuno, ni conveniente, ni ejemplar.

    A veces esto casi parece una democracia europea.

    Covadonga Suárez